Causas del concepto de esperpento en Ramón de Valle Inclán y una reflexión sobre el México actual

Miguel Ángel Aguilar Huerta // 

POCA PENA: Si el hijo me desaparece, o se me muere

por tus malas artes, te hundo esta navaja en

el costado, ¡Lucero, no me dejes sin hijo!

LUCERO: Haremos otro. 

Divinas palabras/ Valle Inclán

 

Durante los primeros años del presente siglo (XX), la atmósfera de despreocupación y de euforia en España (y en Europa) dominaba todas las clases sociales, en contrapartida con el pesimismo de los escritores de la llamada Generación del 98[ii]

Las dos actitudes, la frivolidad y el pesimismo son dos síntomas del mismo malestar. Y es que ante cualquier crisis económica, política y social los pueblos reaccionan como un moribundo que buscara un soplo de oxígeno, se aferran a un instante de gozo para no permanecer inerte esperando lo peor, de allí que la necesidad de beber, comprar y experimentar nuevas sensaciones sea primordial y esté por encima de lo racional, analítico o traumático de una obra compleja.

Por otro lado, no es que los escritores de la generación del `98 fueran unos pobres torturados, muchos escritores y artistas que veían la vida como algo cruel, sórdido y carente de sentido, reaccionaban como Max Estrella de Valle Inclán, con actitudes escandalosas, bohemias,[iii] a menudo acompañadas de una caída literalmente fatal de alcohol, las drogas y los excesos sexuales.

A principios de siglo ser modernista significaba, desde el punto de vista de los honrados y puritanos burgueses no tener seriedad, vivir, vestir, escribir o pintar de una manera extravagante, ser irresponsable.

Cuando el Modernismo adquirió responsabilidad no perdió el estigma de ver el arte, de manera general, como una frivolidad. Esto se ejemplifica con el surgimiento de los ismos, los cuales al principio para muchos dieron a impresión de que éste se había vuelto frívolo y banal.

Con el surgimiento de los ismos pocas cosa cambiaron respecto a la forma de conceptuar la vida; cabe señalar que la aparición de éstos tiene como base el que tomarse la vida en serio era excesivamente descorazonador, pues no resultaba lógico elaborar una obra de arte o tratar de hacer planes para una larga vida si al fin y al cabo el destino sería la destrucción causada por las guerras. De estos movimientos el más importantes es el Surrealismo. “El Surrealismo no llegó a captar a ningún escritor de primer orden en España aunque su influencia estimulante y liberadora tuvo efectos muy notorios en todos los géneros literarios cultivados en España” (Brown, p. 28).

Durante este periodo se ve al arte como un consuelo o evasión de la realidad. Esto último sirve de contrapeso a la visión de la realidad fea y horrible, como la pintaban los románticos y como la veían los escritores de ese periodo.

Se valoriza la vida[iv], al mismo tiempo se presenta una sensible pérdida de interés por el arte representativo. Este fenómeno exclusivamente europeo afectó a todas las artes y redujo su atracción a una pequeña y refinada minoría del público.

En la literatura española no sucede lo mismo, pues la pérdida de interés no se refleja en los lectores. Mientras para los escritores los ingredientes de anécdota y descripción “cuando se relataban introspecciones o sentimientos que quedaban fuera de la experiencia común con la que los lectores pudieran identificarse” (Brown, p. 29)] fue habitual, esto no sucedió con el público. Y esta actitud fue decisiva para el teatro español.

Es importante señalar que si bien la aparición del cinematógrafo en Latinoamérica frenó, en cierta medida, el desarrollo de la dramaturgia en el continente, esto no sucede en España pues su aparición fue tomada muy en serio por los intelectuales e influyó en muchos escritores en cuant

o a su concepción de la obra y en cómo reorientar su creatividad con la finalidad de hacer algo distinto de lo que las películas podían hacer mejor.

Los escritores y artistas españoles se tomaron en serio el cine desde una fecha muy temprana y tanto la prestigiosa Revista de Occidente, fundada en 1923, que dirigía Ortega, como la vanguardista La gaceta literaria (1927), le dedicaron una considerable atención crítica. La influencia del cine fue sin duda alguna el desafío que significó para los escritores. (Brown, p. 29)

Para cerrar este comentario respecto al cine y su influencia en la dramaturgia española, es conveniente señalar la influencia y veneración de los filmes cómicos de Charlie Chaplin y Buster Keaton en muchos escritores españoles:

Las tonalidades trágicas de su melancólica alienación de la sociedad moderna, en medio de grotescos batacazos, tenían un fuerte atractivo para el gusto español, y aun pareció a muchos escritores que la fragmentación aturdidora y episódica, la incongruencia y falta de lógica de la acción, y los movimientos y gestos espasmódicos acelerados, como los títeres, reflejaban el absurdo de la vida moderna de un modo sumamente lúcido e imaginativo. Lorca y Alberti, entre otros, rindieron manifiestamente tributo de admiración a estos actores en su poesía e intentaron convertir la experiencia de sus películas en literatura. (Brown, p. 30)

Asimismo, el cine también es factor importante en la obra de Valle-Inclán: “varios de los procedimientos del esperpento proceden de las películas mudas y gran parte de su teatro es en realidad más apropiado para la pantalla que para la escena”. (Brown, p. 30).

En conclusión, es inevitable comparar la situación de esa España con la actual de nuestro país en todos los aspectos, pues por un lado el intelectual ha desaparecido del mapa, quedan pocos y su influencia ya no es tan determinante como lo era en la época de Octavio Paz, Agustín Yáñez Delgadillo, Efraín Huerta, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Jorge Ibargüengoitia, etc. La cultura de masas o mainstream está encaminada al graffiti y las causas que la orientan no son el pertenecer a mercado alguno; se ha roto todo contacto con el figurativismo “bonito”, se han retomado elementos del grab

ado de José Guadalupe Posada, de la publicidad de principios del siglo pasado y en gran parte del cómic. En el que el leitmotiv es la oposición a la política del sistema caduco.

 A esta etapa pertenecen también las novelas Tirano Banderas (1926) y la trilogía El ruedo ibérico (La corte de los milagros –1927–, Viva mi dueño –1928– y Baza de espadas

–1932–) y La pipa de kif (1919), en su producción lírica. Otros críticos afirman que la estética esperpéntica aparece en otras obras, incluso Bermejo Marcos incluiría Divinas palabras o otras obras teatrales.

Y aunque es muy difícil establecer una periodización en la obra de Valle-Inclán; su clasificación cronológica es discutible por varios motivos: la enorme variedad y riqueza de su arte, pu

es Valle, buen conocedor de las corrientes artísticas de su época, no se limitó a una bandera estética; al contrario, se benefició de todas -decadentismo, simbolismo, expresionismo, etc.-, practicándolas incluso al mismo tiempo. Por otra parte, Valle no abandona enteramente ninguna corriente cultivada al superarla, sino que conserva de ella los elementos que le interesan por su eficacia expresiva para la evolución personalísima de su literatura hacia el esperpento; por eso Bermejo Marcos (33-166) habla de «esperpentización antes que esperpento», pues aunque las obras anteriores a 1920 no puedan ser consideradas como esperpentos, en ellas aparecen rasgos que se mantendrán intensificados en los esperpentos.

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[i] Esperpento persona o cosa muy fea, 1878, desatino literario, fin de siglo XIX. Palabra familiar y reciente, de origen incierto. Corominas, Juan. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. 1954-1957. Esta obra tuvo una segunda edición, muy ampliada, llevada a cabo con la ayuda de José Antonio Pascual y titulada Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1984-1991). Corominas, Joan (1961). Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid: Editorial Gredos.

ii Etapa de los esperpentos (1920-1936) La terrible experiencia de la I Guerra Mundial supuso un revulsivo para los intelectuales y artistas de vanguardia. Y es a partir de ese momento cuando Valle desmitifica la España contemporánea mostrando las gravísimas deficiencias que imposibilitan a sus habitantes poder llevar una vida digna. El esperpento es la mayor aportación de Valle al teatro europeo del primer tercio del siglo XX y es un precedente del nuevo teatro experimental de Brecht. A partir de

1920 la obra de Valle se centrará en la denuncia de un mundo dominado por lo deforme y lo absurdo; denuncia que llevará a cabo también con un lenguaje deformado.

[ii] “Las característica sintomática de la literatura española de los primeros años del siglo XX era por lo que lo mismos escritores decidieron llamar: enfermedad espiritual, angustia vital, angustia metafísica y enfermedad del ideal. Esto no es más que la búsqueda de ese algo en que fincar la fe, la esperanza e incluso la caridad. Se tenía una preocupación constante por la muerte, por la fugacidad de las cosas en el transcurso del tiempo. Esta característica   es el tema central de la poesía de Antonio Machado. Y de Juan Ramón Jiménez. Esta antigua preocupación humana adquiere nueva actualidadcuando se acompaña de la perspectiva existencial de que para cada individuo la muerte significa el fin de todo el universo”. Gerard G. Brown, p.28.

[iii] Dícese de aquellas personas, en especial los escritores y artistas de costumbres no convencionales y comportamiento inconformista respecto a las normas sociales.

[iv] Esto se debe al declive del prestigio del racionalismo cientificista que había conferido autoridad al realismo literario del siglo XIX.

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Brown, Gerald G. Historia de la literatura española. Barcelona, El Siglo XXI, Ariel, 1981.

Salinas , Pedro. Literatura española, siglo XX. México, Séneca, 1941.

Valle-Inclán, Ramón. Divinas palabras. España, Espasa Calpe, 1984.

Valbuena Prat, Ángel. España, Historia de la literatura española, Gustavo Gili, 1984.

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