El juego divino que los purépechas juegan

Raúl Eduardo González //

 

En “El juego de los dioses en el cielo”, primera parte del libro Uarhukua. El juego de los dioses, Ana Teresa Quezada Castro hace una adaptación para niños de un relato mítico que toma de La Relación de Michoacán en el que se narra, justamente, el origen remoto del juego de pelota, a partir de la confrontación de dos advocaciones de Curicaveri, “‘el gran fuego’ y dios principal de los purépechas”. Se trata del pasaje descrito en el capítulo XXI de la tercera parte del libro atribuido a fray Jerónimo de Alcalá, sobre la batalla entre “el dios llamado Cúpanzieeri [que] jugó con otro dios a la pelota, llamado Achuri Hirepe, y ganóle y sacrificóle en un pueblo llamado Xacona”. Según nos lo cuenta Ana Teresa, Achuri Hirepe, “el señor de la noche”, derrotaría en la batalla al

sol del poniente, Cúpanzieeri, “para decidir si reinaría la luz o la oscuridad en la Tierra”.

Se trata de una disputa que pone de manifiesto las dualidades presentes en la concepción del mundo de los purépechas, quienes se preguntaban, al saber de los caballos que los españoles traían: “Estos dos reinos eran nombrados, y en estos dos reinos miraban los dioses desde el cielo y el sol. Nunca habemos oído cosa semejante de nuestros antepasados. Si algo supieron no nos lo hicieron saber Taríacuri y Hirépani y Tangáxoan que fueron señores, que habían de venir otras gentes. ¿De dónde podían venir, sino del cielo, los que vienen? Que el cielo se junta con el mar y de allí debían de salir, pues, aquellos venados que dicen que traen, ¿qué cosa es?”.

En la imagen de la batalla librada en el cielo, el ilustrador Carlos Olvera muestra a las deidades sosteniendo bastones como los del juego de la uarhukua (justamente, este término designa en lengua purépecha al ‘bastón’ o ‘palo’ para el juego). El sol aparece al centro sugiriendo lo que de hecho es, simbólicamente: la pelota. La derrota del anciano Cúpanzieeri trae consigo el advenimiento de la oscuridad. En esa noche perpetua crecerá Siráta-Tápezi, el hijo del dios sacrificado, a quien “tomáronle a criar en un pueblo, como que se le habían hallado”. Al enterarse de que su padre ha sido sacrificado, se dirige a Xacona para desenterrarlo. De vuelta a casa, Siráta-Tápezi descarga por un momento el cadáver de Cúpanzieeri para cazar una parvada de codornices, y “mientras él cazaba su padre se convirtió en venado y resucitó. Así Siratatapezi y su padre corrieron juntos e iluminaron de nuevo la tierra”. Este dios transmutado en venado es, por cierto, el que suponen los antiguos purépechas que sería el caballo que los conquistadores traían.

Como lo señala Ana Teresa Quezada, el uarhukua, “juego de los dioses”, representa la dualidad y las transmutaciones: en virtud del encuentro disputado cada tarde, en el que Cúpanzieeri resulta derrotado, sobreviene la noche, “pero una vez que Siratatapezi rescata a su padre, el Sol nace de nuevo en el oriente y vuelve a alumbrar la Tierra”. Este juego pasaría de los dioses a los seres humanos, entregado por la diosa Xaratanga, quien les señala que “hacia el norte, en donde está uno de mis templos […] ahí es donde ha de estar el juego de pelota”, de manera que, como lo indica la autora, el uarhukua es “la representación del juego de los dioses en la Tierra”. Nada más serio, pues, que este juego que los seres humanos juegan a manera de un ritual, y que en la publicación que comento es ilustrado bellamente en su dimensión mítica por Carlos Olvera Zarco. La edición contó con el apoyo del Programa México, Cultura para la Armonía, en el año 2014, y está dedicada “A todos los niños del estado de Michoacán, para que conozcan un poco de sus raíces y tradiciones, y puedan encontrar en el juego de pelota purépecha un vínculo de identidad que los una a todos en armonía”.

En la segunda parte del libro, “El juego de los hombres en la Tierra”, se invita a los lectores a conocer las reglas y jugar el uarhukua. Aquí, la autora procede a partir de “la tradición oral que, como jugadora de pelota purépecha, [tiene] acerca del juego”. Así, se describen las características de la cancha, los equipos, la pelota, el bastón y la mecánica del juego, en un breve y completo manual que está ilustrado también. En conjunto, el libro resulta así un bello y completo volumen que, gracias al trabajo de Ana Teresa y Carlos, facilitará a los niños conocer este juego ancestral, y permitirá a todos los interesados en el juego y en la cultura michoacana conocer las dimensiones mítica, ritual y lúdica que están asociadas al uarhukua. Sin duda, hay que felicitar esta loable iniciativa que ha visto la luz en la forma de un hermoso libro que hará la delicia de muchos niños en la lectura y, se puede augurar, en las canchas de este juego de pelota que los dioses inventaron y que los hombres juegan.

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