Más vale puto o culero, aunque lo mal entiendan: pensamientos de un plebe que procesa todo con Windows 95

David Cano

No quiero escribir desde una colectividad que legitime mi discurso, suficiente tengo con portar etiquetas no elegidas. No vengo en representación de nadie que no sea yo mismo, aunque tenga un software de mala calidad, además de caduco, y parecido al de muchos. Y sí, amigues y enemigues, lamento algo: ¡qué triste no ser tan especial como los demás!

No sé si la seducción se encuentre en decadencia respecto a lo discursivo. Ignoro si estamos llenos de odio, escupiendo a quien no nos incluye de manera orgánica en su gramática personal. Sólo intuyo que ahora queremos apagar el fuego con fuego. Vivimos en un ring de box, donde ni siquiera podemos esperar golpes de suerte, no hay contratos atractivos, ni mucho menos ganadores, ya sea por dinero o gloria. Simplemente nos gusta golpear por golpear, con el fin de dañar; arguyendo defensa propia. ¿Acaso nos hace falta ver más bax?

Hablando de deportes: ¡eh…!

De entrada, les indico que de no entiender mi punto de vista vertido en este texto, no se preocupen, estoy por sacar un manual hiper-pedagógico para que no cometan el error de percibir lo que les plazca, sino lo que debe ser según “Yo” lo determine. Por supuesto, tendrá un costo, por lo tanto, entenderán los que lo puedan pagar… lo siento por los otros, snif, snif.

Al parecer yo también puedo hacer bromas, aunque resulten malas, a pesar de ser norteño, retrógrada y “heteronormado”; el sarcasmo no sabe de ideologías, de géneros o mucho menos de razas.

Para mí, un simple sujeto que procesa todo con un sistema operativo tan básico, el lenguaje no es un dispositivo estático ni perfecto, de hecho, eso es lo que lo hace bello, para absolutismos, ya tenemos suficiente con las matemáticas, que, para ser sincero, me agradan poco.

¿Se preguntarán a qué viene a tema tanto bla bla, bla?

Resulta que me encontré con una guía correctiva, “sugerida” por Alberto Lujambio, en el portal de “Animal político”: Decir puto*: una práctica guía para la bandita confundida. Casualmente estaba buscando cómo reformarme para ser aceptado en los círculos intelectuales, y así poder formar parte de la élite que representa a la vanguardia sesuda de mi país. En esas andaba, cuando me encuentro con el texto de Lujambio. La verdad no queda más que agradecerle sobremanera, por hacerme caer en cuenta a qué grado soy de esa bandita confundida, definitivamente me urgen lecciones de personas moralmente más elevadas que yo; educadores como él, puesn. Sí, “amigues”, pido a gritos ser diplomático, porque no sé qué significan las cosas que enuncio, y mucho menos puedo llegar entender de polisemia, a decir verdad, esa palabra apareció por arte de magia mientras escribía.

Mi punto no es guiarlos, pero sinceramente creo que:

Si entendiéramos que el lenguaje es un organismo viviente, con los medios de locomoción de un ciempiés mecánico, que más que caminar, corre de boca en boca, de semánticas en semánticas; podríamos evitar perdernos en laberintos conceptuales.

Es notorio cómo la lengua nos da identidad, pero también pasa que nosotros le damos identidad a ella; no se trata solamente de un dispositivo unidireccional. De ahí que, es imprescindible no olvidar al emisor y al contexto. Ciertas palabras se transforman en tabú, según los anteojos ideológico que portemos. Resignificar un término hoy en día resulta casi imposible, más si no cuentas con cierta legitimidad sustentada por un grupúsculo, disculpen mi forma de adjetivar, no es nada personal, pienso lo mismo de todos los ismos. Siendo sincero, no me crea sentido la queja perpetua respecto al concepto de democracia por parte de pequeños colectivos posicionados, cuando apelan a una minoría lo suficientemente grande y empoderada, a modo de garantía reflexiva de sus declaraciones.

Ahora que la individualidad es vista como enajenación para los políticamente correctos, no queda más que ser sujetos discursivos desprovistos de voz, donde las estructuras tienen más peso que la voluntad personal, y ahí es cuando a los cautos les resulta mejor callar, pero en mi caso soy eminentemente verbal y poco sapiente.

¿Acaso es lo mismo si yo enuncio, por ejemplificar, que la “violencia genera violencia” para tratar de decir que toda acción negativa obtendrá una reacción negativa; que si lo enuncia una institución hegemónica?, tomando en cuenta que soy apartidista, algo anarcoindividualista y aparte un tanto “rebelde. Creo sinceramente, que hay una diferencia abismal cuando esa frase es usada por el Estado para justificar el uso de las armas, después silenciar la voz de quien se defiende contra la violencia estructural. Cuando he usado esa frase, ha sido después de ser timado por el mismísimo gobierno. Pero qué le voy a hacer, soy de los utópicos que piensan que el lenguaje no pertenece a nadie, sino es de quien se lo apropia y lo sabe aterrizar, con el fin de crear sentido más allá de los sistemas.

Probablemente lo que acabo de expresar es una muestra tangible de mis grandes carencias intelectuales, pero que podían esperar… Soy un tipo más corriente que común, y solamente sé procesar la realidad por medio de Windows 95, y para acabarla de joder, soy norteño, es decir, un simple plebe que creció donde la cultura se acaba, porque la verdad apesto a carne asada; lo bueno de todo esto es, que no soy portero.

A lo que voy, hasta el momento no se les ha preguntado a los que dicen “puto” en un partido de la mediocre selección mexicana, qué representa para ellos, bajo ese contexto el terrible grito en cuestión, y mucho menos sé cuál es la opinión de los porteros, pues, ellos al final de cuentas, son los ofendidos. Por otro lado, al leer entre líneas la réplica al artículo de Vice, es simple deducir que se demerita la opinión de los que declararon no encontrar ofensa alguna en la dinámica del “¡eh…!”, pues hablan desde el privilegio, además, son poco éticos y no tienen nociones de política, según la perspectiva de Lujambio.

Así de absurda es la realidad en estos días, todos somos jueces y tenemos la calidad moral para educar al otro, nomás porque podemos. Yo en ese sentido no busco enseñarles nada, mi meta es simplemente expresarme; todavía creo en mi sentido común sin importarme la eficiencia de mi paupérrimo sistema operativo.

No digo más al respecto, porque como soy norteño, tengo que ser demasiado parco y reduccionista, decir más sería tentar al sospechosísimo; no vaya a ser que se dude de mis orígenes y procedencia.

*Si gustan comprar el manual hiper-pedagógico, con el cual evitarán cometer la imprudencia de tener la libertad de asimilar este texto como ustedes deseen, comuníquense conmigo. Les garantizo la posibilidad de comprender los significados según mi peculiar manera de codificar el lenguaje.

Los 10 primeros obtendrán descuento.

¡Llévelo, llévelo!

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