Historia abreviada del origen de “Fiebre”

Sergio Guerra // 

La 1ra vez que vi a los piromanistas. Venía de salir por la puerta trasera de un bar en Valparaíso y tomé el primer taxi que pasó por la calle. Por qué escapé de aquél bar es otra historia. La cosa es que le di mis últimas 2 lucas al taxista, algo así como 50 varos, y le dije, que me llevara a cualquier parte. El taxista parecía un poco confundido al principio, pero luego se partió de la risa y me llevó literalmente a cualquier parte.   Me bajé del taxi en cualquier parte y el vehículo arrancó, y pensaba, y a ahora que chucha hago en cualquier parte. Estaba en una de las calles más solitarias de Valparaíso a las 2 de la mañana, y para quienes conocen el puerto de noche sabrán de sobra lo denso que se pone la cosa. Me quedé un rato pensando en la diferencia entre ir a cualquier parte e ir a ningún lugar, que a en ese momento me parecían indiferenciables.

     De pronto, mientras intentaba reencontrar mi camino, si es que alguna vez lo he tenido, oí voces provenientes de uno de los hangares del puerto. Me acerqué al portón metálico y espié. En el centro del hangar, se levantaba una enorme columna de fuego que iluminaba a un grupo de personajes a su alrededor. Pero con la distancia no podía distinguir si se trataba de motoqueros, travestis, o abuelitas tomando el té.

    Así que me acerqué sigilosamente.

     5 personajes con el rostro cubierto dirigían la acción. Escribían frenéticamente poemas que iban leyendo en sincronía y coordinados en una secuencia coral. Se podrán imaginar la magnitud de mi sorpresa. Sobre todo cuando al finalizar la lectura de sus poemas los lanzaban inmediatamente al fuego en cuyo interior se apilaban cientos de libros. Habían poemas tan buenos que daba una pena verlos arder, sin embargo otros los hubiese ido a tirar yo mismo al fuego, fue la primera conexión que tuve con el piromanismo literario.

     Alarmados probablemente por el humo que salía del hangar, llegaron al lugar dos carros de bomberos acompañados por la policía. Al sonido de las sirenas nos largamos corriendo del lugar como ratas que arrancan de una casa en llamas.

     Impresionadísimo por la radicalidad poética del grupo piromanista, hice lo más lógico, los invité a echar unas chelas a mi casa, que sin embargo no era mi casa, y a penas ingresamos procuré esconder todos los encendedores y cerillos que estaban a la vista, por supuesto. Finalmente oí el enigmático pensamiento del culto al fuego que esa banda profesaba. El culto al dios gnóstico Abraxas, sus ideas de purificación a través del fuego y el rol que juega la poesía en la lengua humana. Pero las dos botellas de absenta que tenía se les hizo muy poco así que se fueron golpeando la puerta y echando putiá.

     La 2da vez que los vi fue en la azotea de un edificio en el centro de Stgo. Noté en aquella ocasión que no todo lo que escribían lo quemaban. Ciertas páginas las guardaban en sus bolsillos. Al preguntarles el motivo, me dijeron que solamente la poesía era alimento digno para el fuego, en cambio con la narrativa aún no tenían idea qué weá hacer. Entonces les pregunté por qué no escribían solamente poesía, y ellos respondieron deja que fluya hermano. Ante lo cual no pude evitar una inmensa carcajada que los dejó paralizados. Surgió entonces, la idea de reunir esos relatos en los bolsillos de los piromanistas en un libro. Por su puesto cuando les comenté el proyecto se aterraron. Ninguno quería perder su condición de inédito o Andesground como ellos decían. Para ellos, la dignidad de versificar desde la cloaca, se relacionaba con su ocultamiento total y radical a la manera del padecimiento continental, oculto y brutal. Los papeles en sus bolsillos, eran entonces, una amenaza a su postulado poético, intuí.

     En esa ocasión también, me hablaron de un manifiesto piromanista que contenía el resumen de la poética, pero ellos, siendo consecuentes con su causa, lo habían quemado inmediatamente culminaron su redacción, por supuesto, como la memoria es frágil, casi no recordaban su propio manifiesto, lo cual dio lugar a tergiversaciones y desacuerdos entre ellos. Sin embargo el rumor de la existencia del piromanismo ya se había extendido entre los grupúsculos poéticos del puerto. El terror que causaban al irrumpir en recitales y slam de poesía, encapuchados a saquear todos los poemas de la juventud, para quemarlos violentamente, mientras la adolescencia poética lloraba desconsolada, les fue creando muy mala fama.

     La 3ra y última vez que vi a los piromanistas fue un desastre total. Realizaron un evento, al cual fui invitado exclusivamente, en las afueras de la ciudad. Nos reunimos en medio del bosque después de caminar durante 4 horas. La casa más cercana la habíamos pasado hacía 2. Cuando estaban a punto de comenzar notamos con horror que nadie traía ni encendedor ni cerillos encima. Estábamos en medio de la nada sin un puto encendedor. Los piromanistas se agarraban la cabeza, pálidos y ojerosos, se paseaban de un lado al otro, se comían las uñas, tiritaban, parecían recién despertados de una pesadilla. Y blasfemaban a su dios diciendo cosas así como por qué nos has abandonado o, siento que la llama de mi corazón se apaga o, la maléfica manguera oprime nuestra fe o, nos ha caído el balde de agua fría de la reacción o, Winter is coming, entre otras cursilerías por el estilo.

     En la depresión y falta de fe posterior que siguió a esa tragedia, los piromanistas accedieron a leer sus cuentos. Así fue como pude conocer el lado más cálido y humano de sus vidas. Cuando finalizaron, la idea de agrupar esos relatos junto a la historia del piromanismo literario era un hecho consumado. 6 años de investigación, me las pasé escarbando entre las cenizas del paso del tiempo las huellas que dejaron antes de desaparecer. Ahora el resultado de ese trabajo lo celebramos en la publicación de un libro que contiene los documentos narrativos inéditos de ésta mítica secta de poetas piromanistas; Fiebre.

Consigue Fiebre, de Sergio Guerra en Cartopirata