Consumir la cultura: Tim Burton

Tim Burton
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Alexis G. Berny

Hace unos días, mientras disfrutaba de una agradable tertulia entre colegas, salió a la conversación el tema, siempre polémico, de Tim Burton, su obra y la reciente visita de su exposición a México. Si bien, al igual que otros muchos temas, hay a quienes les puede gustar o no el trabajo de un artista; entiendo, éste es uno de esos personajes que odias o amas y que por sí mismo levanta pasiones y acaloradas discusiones. Sin embargo, aquello que realmente llamó mi atención no fue eso, sino el hecho de que algunos de los colegas, artistas en varias disciplinas, desacreditaban la exhibición en el Museo Franz Mayer aún sin haberla visitado; siendo uno de los argumentos más fuertes y persistentes el elevado costo de la entrada a dicho evento. Lo anterior me llevó a cuestionar sobre la ambivalencia del artista respecto a sí mismo y sus equivalentes, así como el de otros paradigmas que rodean al arte y la cultura en nuestro país.

De entrada, me resulta paradójico y hasta incongruente el que muchos artistas y creativos no sólo no consuman arte, sino que, por el contrario, promuevan la idea de la “cultura gratuita”, en un mal entendimiento de “Cultura popular y plural”. Es esta idea del “gobierno paternalista” que da acceso gratuito al arte y la cultura, errónea en su concepción y consecuencia. Y es que no existe lo gratuito, como tal, sino que en todo caso es patrocinado con los impuestos que todos pagamos (de tal modo, que todos estaríamos pagando por la cultura de unos cuantos), sino que además no permite la generación de una industria del arte que busque y genere sus propios recursos.

Pero me extraña aún más que algunos de los renuentes al pago de entrada sean, precisamente, quienes han viajado y han pagado precios más elevados en otros países por eventos similares; y son también ellos están más dispuestos a pagar por otros rubros de menor calidad e importancia como: televisión por cable, cine comercial, alcohol y un largo etc., muy alejado de lo que, aparentemente, es su mayor interés. Lo peor viene en su postura al estar del otro lado: cuando pretenden cobrar y vivir de su quehacer. Ahí el discurso cambia y aflora la crítica y la queja ante un público apático y desinteresado en cultivar su interior, su intelecto, su alma o su espíritu.

Lo anterior, me llevó a una segunda reflexión: ¿Por qué hay largas filas para ver la exhibición de Tim Burton a costos estratosféricos mientras existen eventos culturales y artísticos vacíos a precios populares? ¿Es culpa del gobierno, la sociedad, los medios y/o la educación de la gente? ¿No será que estamos haciendo algo mal? La respuesta certera no la sé. Tal vez sean la combinación de factores y cada caso habría que analizarlo en su particularidad. Sin embargo, cada día estoy más convencido sobre la necesidad que tenemos -artistas y público interesado en la cultura- de acercarnos mutuamente; esto es, hacernos partícipes los unos de los otros e intimar en el quehacer cotidiano del entretejido social que denominamos comúnmente “cultura” y que nos identifica y nos distingue del resto del mundo, no para separarnos sino para unirnos en un todo más amplio llamado “humanidad”.

A mi entender, generar un cambio cultural depende en gran medida de quienes generamos y consumimos arte; de nuestra visión del mudo presente y futuro y nuestro compromiso por crear nuevos paradigmas económicos y socio-políticos. Vivir del arte y la cultura debe ser un bastión que defendamos con valor y no un lugar seguro donde escapemos de la realidad.

En lo que a mí respecta seguiré celebrando, participando y asistiendo a estas manifestaciones culturales, seguiré pagando por su entrada y consumiendo arte y cultura en sus distintas disciplinas que, afortunadamente, cada día son más. La cultura es un ente vivo que se alimenta, vive y coexiste con nosotros.

Por cierto, la exposición “El Mundo de Tim Burton” estuvo hasta el 8 de abril del presente con gran éxito y lleno total durante su estadía en nuestra ciudad presentando: dibujos, pinturas, esculturas, objetos y piezas del autor y su obra fílmica y personal, con su peculiar visión y estética. Sin lugar a dudas, una de las más recientes exposiciones traídas a nuestro país que, aún con su alto costo (poco común en nuestro país), los tumultos de gente y sus comprensibles problemas de organización, no debimos perdernos.

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