El Psicotarotista (1)

Adán de Abajo

 

El Hombre o el Microcosmos, la Unidad,

Es el principio de todos los mundos.

(GÉRARD DE PAPUS –El Tarot de los Bohemios)

1. Las dificultades debidas a su situación económica y la desesperación de los últimos tiempos, le hicieron acudir de nueva cuenta a su viejo Tarot: un Rider Waite medio despintado de tanto uso que guardaba dentro de una bolsita hecha con un calcetín desde la infancia. Cuando niño lo pidió a su padre como regalo en un cumpleaños y aprendió a leerlo por su propia cuenta, con una facilidad sorprendente, tan sólo admirando las imágenes en las cartas. Más tarde descubrió que desde tiempos antiguos los especialistas las llamaban Arcanos, porque cada una de ellas poseía un secreto, el cual era preciso develar. Las imágenes de los arcanos lo sedujeron e inquietaron, pero sobre todo en sus números, encontró desde la edad de diez años una magia desquiciante de la que ya no podría desprenderse. Sin quererlo y sin saber, se encontraba en el umbral de una antiquísima ciencia, practicada por Pitágoras, Platón, Gérard de Papus, Aleister Crowley, Eliphas Levy, Piotr Ouspensky y muchos otros desde los albores de los tiempos. Se las leía a sus tías abuelas, medio brujas, cuando menos en la apariencia: mujeres hoscas y burlonas, con los ojos brotados por el hipertiroidismo, la nariz deformada debido a los trastornos del corazón y los riñones, verrugas y manchas en sus rostros y manos, producto de la senectud. Eran muy buenas con él a pesar de su aspecto tenebroso: “Léenos las cartas hijo…” Le pedían cada que una nueva reunión familiar congregaba a todos los miembros del clan. Sus padres nunca estuvieron del todo de acuerdo, debido a su catolicismo, que prohibía por decreto, todo cuanto se pareciera a los juegos de azar, las mancias y la brujería. Y él procedía a extraer su calcetín  color rojo y blanco de rombitos con líneas azules que siempre llevaba consigo. Adoptando en su rostro un tono severo que a veces atacaba de risa a sus familiares y en otras ocasiones también los asustaba por la precisión de sus predicciones y la habilidad con que podía exponer el alma de aquellos que se atrevían a solicitarle una consulta de Tarot. Con los años y sobre todo con su ingreso a la Facultad de Economía, el viejo Tarot Waite quedó almacenado y relegado en el fondo de su cajón del escritorio. La pasión por los números se había transformado en toda una vocación que le arrastró a querer dedicar su vida entera a ellos. Leía, hacía ejercicios  de cálculo y practicaba todos los días en su desgastado libro de Álgebra de A. Baldor, el cual adoraba con toda su alma. Gracias a su habilidad numérica pudo ingresar con el primer lugar en el examen de admisión a la escuela de Matemáticas y Economía. Mientras aún era estudiante fue llamado por el Banco Nacional  para trabajar como asesor financiero. Se enfocó en realizar fuertes cálculos matemáticos que pretendían anticipar crisis económicas o decidir el rumbo de las inversiones a las que se dedicarían los capitales del país. En todos esos años nunca tocó el Tarot. 2. Su amor por los números tan sólo era superado por el amor que sentía por Heréndira. Se conocieron en la Video Sala de la biblioteca de la Universidad mientras asistían a la proyección de una película muda en blanco y negro. Ella lo miraba de reojo y fingió dejar caer su bolso cuando pasó cerca de él, para obligarlo a interactuar y derretir su congelamiento. El joven Psicotarotista quedó prendado de ella con una fuerza análoga e incluso más poderosa que la que le unía a sus números. Con ella compartía el gusto por el ajedrez, el cine y la música de los Beatles. Heréndira estudiaba negocios internacionales, pero nunca se encontró demasiado interesada por las materias de la Universidad. A ella le gustaba mucho pasar las tardes con él jugando al ajedrez, mirar películas y escuchar una y otra vez el álbum Rubber Soul de los Beatles, sobre todo las pistas Nowhere Man e In My Life. Solía decir que entró a la Facultad tan sólo para encontrarse con él. Se casaron apenas pocos meses de haber terminado la Universidad. El trabajo con que ya contaba el Psicotarotista les permitía darse una vida bastante relajada, se dedicaron a viajar, a escuchar música y a ir al cine durante los primeros años de casados. Sus dos hijas mayores llegaron y todo parecía estar tranquilo y estable. Pero las  vicisitudes económicas no tardaron en presentarse. Uno de sus jefes resultó implicado en un enorme desfalco financiero, el Psicotarotista no fue culpado, pero al ser juzgado su jefe, se le obligó a presentar declaración ante un juez y de ahí a una escalada de eventos que le llevaron a quedar desempleado sin justificación. Hasta entonces había dedicado todas sus fuerzas a trabajar de una manera honrada y sin adjudicarse un solo peso o dólar que no fuera de su pertenencia. Aunque las tentaciones económicas estaban a la orden del día por la naturaleza de su trabajo y las cantidades estratosféricas de dinero que manejaba, hubiera sido fácil hacer desviar una insignificante parte de todo el capital que ayudaba a movilizar todos los días, sin que jamás nadie se diera cuenta del asunto. Pero jamás lo hizo. Del último embarazo de Heréndira nacieron las dos hijas pequeñas: dos gemelas bellísimas, con ellas se fueron también los últimos ahorros. El resto del dinero se había invertido en pagar las mensualidades de una amplia casa que Heréndira adoraba. El Universo entero parecía conspirar para encerrarlo en una trampa sin escape. Por una parte se sentía bendecido al tener a su lado cinco hermosas mujeres, por otra, las posibilidades económicas y de trabajo se esfumaban a cada palmo. El Psicotarotista pensó que sólo era una crisis temporal, juraba que a las semanas se estarían peleando por él diversas empresas e instancias gubernamentales para darle un nuevo trabajo. Su perfil y su currículo como experto en matemáticas no tardarían en llevarle incluso una oportunidad laboral mucho mejor. Los meses transcurrieron y nadie lo llamó para darle ningún nuevo empleo, tampoco hubo respuesta a las solicitudes que todos los días enviaba a diversos organismos de la iniciativa privada y pública. Pensó en emigrar a Australia, tenía un dominio superior de los idiomas, particularmente del inglés y el italiano.  Aprobó los exámenes de conocimientos y fue admitido para un programa de enseñanza del español, álgebra, cálculo e inglés a inmigrantes, pero pronto desistió del proyecto. Cuando todo se encontraba prácticamente listo para su viaje a Sídney, se enteró que no podría llevar a Heréndira ni a las niñas consigo, pues el programa se restringía tan sólo para personas solteras o sin familia. La posibilidad de permanecer en un continente tan lejano más de cuatro años, en un programa sin su esposa e hijas ni siquiera existía. Prefirió asumir el periodo de crisis económica con valentía con tal de permanecer cerca de su familia.

Continuará….

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