Mujeres solas/mujeres juntas (para todas mis sis)

Débora Hadaza

Yo nunca fui una chica de chicas. Nunca fui de las niñas más “normales” que existieran, había muchas particularidades en mi estructura física, familiar, social, que me hicieron ser siempre la niña, adolescente, mujer, rara. Siempre fue más fácil para mí relacionarme con chicos, y muchas veces como otro chico más. Mi relación con las chicas en grupo fue generalmente mala, un continuo abuso por no ser como se esperaba que fuera, por interesarme más en otras cosas, un sentimiento de incomodidad, de no pertenencia. Salvo pocas excepciones de excelentes amistades, pero todas ellas cuando yo ya no era tan buleable, mis recuerdos de estar entre chicas son más bien tormentosos. Y como muchas mujeres desprecié por años estar rodeada y unida a mujeres. Últimamente aprendí este termino “sororidad” que básicamente significa: hermandad entre mujeres.

Mi hija de seis años tiene ahora una película favorita  que ilustra muy bien la cuestión de la sororidad. Frozen no sólo desenmascara por primera vez el riesgo -a veces mortal- del amor romántico/aprimeravista, y la fatuidad del primer beso como acto de amor, (bien Disney, bien por tí), sino que además nos muestra como se ha decidido por años la educación relacional familiar y social de las mujeres, la segregación. La chica “especial” permanece aislada pensando que sus habilidades (talentos, inteligencia, capacidad organizativa o de mando) son “anormales” y dañinas; y la chica “ordinaria” crece sola también, destinada a creer que lo mejor que puede pasarle es encontrar a un hombre que la complemente y con quién descubra “el amor verdadero”. Y esto me hace pensar también en mi serie favorita, en la “feminista” Game of Thrones, donde sin querer queriendo se enfrentan ante la audiencia dos hermanas la “sonsa” Sansa, bellísima que quiere sentarse al lado de un rey dorado y gobernar los siete reinos, y la intrépida Arya que, siendo “la especial”, desea ser un caballero.

Segregación. Las chicas buenas aprenden a coser, bordar, cocinar, a verse bonitas, a portarse como damas, a ser agradables, amables, deseadas; y algunas por más buenas que quisimos ser nunca se nos dio. (En serio nunca se me dio, ni sentarme bonito, ni cerrar las piernas, ni caminar con tacones bonito, ni nada de eso. Yo no es que quisiera ser un caballero, yo quería leer, también cantar, tener mi propia banda de rock, y chance algún día muy muy lejano tener una hija. Chance.) Segregación porque nos hace pensar que hay un tipo de mujeres que sí serán funcionales para la vida, y otras nunca encajaremos en “la vida cotidiana”, y entonces las segregadas, las rechazadas, como método de defensa despreciamos  esa forma de vida y a las que la representan bien, nos burlamos de las que sólo quieren casarse y tener una casita, nos burlamos de su mente “corta”, de sus ideas “pequeñas”, empezamos a adoptar las etiquetas que nuestros amigos les ponen “cursis”, “zorras”, “tontas”, “fáciles”. Nosotras somos las “especiales”, las “diferentes”, las “interesantes”, “las que sí valen la pena”. Lo chistoso es que siempre para alguien, otras mujeres entre ese alguien,  nosotras seremos las “zorras”, “las tontas”, las “fáciles”,  las “frígidas”, o las “cursis”. Lo chistoso también es que los amigos que nos alientan a nosotras para ser como somos quieren a una de las otras, o nos quieren a nosotras para volvernos unas de las otras, o les gustan como nosotras pero no tanto. Y lo malo de todo esto es que, de una u otra forma, nos quedamos solas. Sin las otras chicas con las que no encajamos, sin los chicos que aunque estén rara vez pueden fungir de verdaderos cómplices, o muchas veces sin ellos literalmente.

Y estar solas no está del todo mal. Al menos no en Frozen, sí en GOT. Sola Elsa descubrió que su “poder” es hermoso, se sintió libre, por primera vez sin culpa de ser tan asombrosa, sin miedo a usar su potencial. Sola Anna viajó, aprendió a dar ordenes, a ser tan intrépida como nunca había tenido oportunidad de ser, a perder, sin darse cuenta, el lastre su baja autoestima. Sola Arya se convirtió en la asesina más peligrosa de todo Westeros, no sin hambre, riesgo de muerte, golpes, humillaciones, dolor. Sola Sansa se hizo fuerte, astuta, sabia, desconfiada, inquebrantable; no sin humillaciones, acoso, violación, dolor.  No es tan malo estar solas, es horrible, a veces. Siempre es duro, pero si el resultado de la soledad resulta tan poderoso ¿cuánto no será de poderoso dos mujeres, o más, con toda esa experiencia, juntas?

Me encanta el final de Frozen porque la capacidad de controlar el lado destructivo de su poder, Elsa lo encuentra en el amor de su hermana. Me encantó el final de esta temporada de GOT porque las lobitas juntas son realmente de temer. Me encanta pensar que toda esta ola de horror contra nosotras, las mujeres, nosotras la podríamos diluir. No milagrosamente, no en un día, o un año, pero sí quizá en una generación. No tiene nada de malo querer bordar, cocinar, o verse “bonita”, uno de los movimientos sociales de resistencia más hermosos que existen hoy día es de “las bordadoras por la paz y la justicia“. Una de las obras más poderosas de amor se da cada día guisándoles y dándoles de comer a los indocumentados que viajan en la bestia por “las patronas“. Uno de los movimientos más fuertes contra el acoso y la violencia hacia la mujer inició en Hollywood y la industria del modelaje con el famoso #metoo.

¿Cuánto poder para cambiar las cosas podríamos tener si dejamos de ser mujeres solas? Si aceptamos nuestras diferencias, si nos quitamos las etiquetas que nos hemos dicho por siglos, si empezamos a cuidarnos entre nosotras de la difamación, de las discriminación, de la segregación. Si nos dejamos de creer el cuento de que somos competencia, o que alguna es mejor. Quizá podríamos echar atrás leyes estúpidas, quizá podríamos más pronto y con más confianza denunciar en cualquier lugar a los acosadores, quizá podríamos ayudarnos a escalar más pronto en los puestos de trabajo, quizá sería más fácil que nuestras hijas, sobrinas, niñitas que nos caen bien, vivieran un mundo menos hostil.

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