Te conocí en un bazar

© Frieda Mallén

Alexis G. Berny

Por azares de la vida, estas ultimas semanas anduve en varias expos, bazares y festivales, y si bien no son un concepto nuevo, cada día nos encontramos con una mayor oferta y variedad de verbenas alternativas en ésta y otras ciudades de nuestro país. Sin duda, el auge de este esquema de negocio está en boga. Y es que la reacción ante el modelo político- económico neoliberal y globalizado ha llevado a algunos individuos, de una sociedad cada vez más consumista, aburguesada, utilitaria, egoísta, mediática y desechable, a cuestionarse sobre el tipo de vida que “supuestamente ha elegido”. Y reflexionan sobre conceptos como: la felicidad, el tiempo, la vocación, el trabajo, el bienestar y un sinfín de valores, características y calificativos que definen nuestro status quo, pero que poco tienen que ver con nuestro verdadero Ser. Así es como buena parte de esta gente, en su mayoría, clase medieros, profesionales y profesionistas, gente culta y educada con espíritu emprendedor y alma aventurera, ha renunciado a su zona de confort y a la cómoda seguridad de un empleo fijo con sueldo y beneficios sociales pero estresante, monótono o vacío, para dedicarse a realizar sus sueños. Han emprendido, con decisión y pasión la ardua empresa de creer y crear aquello que desde siempre anhelaron; viviendo en la incertidumbre del porvenir, en un mundo que aplaude mucho por estas iniciativas pero las consume poco.

De este modo, semana a semana, podemos hallar por varias zonas de nuestra metrópoli algunas de estas coloridas ferias comerciales que se distinguen de otrora similares como tianguis y mercados, principalmente, por ofertar al público consumidor. Hay mercancías y productos directamente de las manos de artistas, creadores y productores locales, beneficiando no sólo a los involucrados. Todos generan círculos virtuosos en donde se crean empleos directos e indirectos dentro de las mismas comunidades, comercio justo con mejores pagos, evitando intermediarios, y precios más asequibles para los compradores quienes tienen la oportunidad de adquirir a un mejor precio, un producto único y original de alta calidad. Así se mejora la cadena de consumo, fortaleciendo la economía local y enriqueciéndonos a todos de varios modos y no sólo en el clásico formato empresarial: vertical, ascendente y unilateral al que estamos tan familiarizados y que solamente favorece a unos cuantos.

Aunque los hay de todos tipos y tamaños: eclécticos, especializados, comerciales y culturales; en estos modernos jolgorios populares encontramos una gran variedad y oferta en comida tradicional, exótica o experimental, bebidas naturales y espirituosas artesanales como: cervezas y mezcales, música y diferentes expresiones escénicas como: danza, teatro, circo, poesía y literatura, arte en todas sus disciplinas: pintura, escultura y fotografía, libros y fanzines de editoriales independientes, ropa, diseño, decoración y artesanías, además de un largo etcétera que no dejará de sorprendernos en cada una de sus distintas ediciones, pues, sin importar sus similitudes no existen dos eventos iguales.

A pesar de que en algunos casos, aun hay mucho por trabajar y mejorar en cuanto a organización y logística se refiere, en general, el mayor reto de estas iniciativas sigue siendo la convocatoria para atraer gente a sus programas. Pues aunque la demanda por este tipo de productos va en aumento y es una tendencia en crecimiento, aún sigue siendo muy minoritario el segmento de población y el alcance que se tiene respecto al porcentaje de la creciente densidad demográfica y, primordialmente, al de su conducta, hábitos de consumo y adicción al establishment impuesto por el sistema hegemónico a través del marketing de las grandes marcas y almacenes que dominan el mercado.

“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre es la frase profética de Aldous Huxley en Un mundo feliz (1932). Así, nos encontramos atrapados dentro de la caverna platónica en donde, según Mi último millón de lectores de Emile Gauvreau (1941): “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar el dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan “.

Tenemos que ser consientes de la grandeza de nuestra individualidad y del impacto que generan nuestras pequeñas acciones en lo circundante y la fuerza del poder adquisitivo con el que contamos como sociedad para hacerlo valer como el zoon politikón (animal político) en el que Aristóteles define al hombre y se refiere a su dimensión social y política.

En un mundo material, comercial y capitalista, absurdo y sin sentido, avanzado en tecnología pero sin inteligencia, teórico pero sin ideología, fanático pero sin espiritualidad, nuestra fuerza radica en el contrasentido de una vida profunda y mística, equilibrada, sencilla, meditativa y contemplativa, en armonía consigo mismo, con el mundo, la naturaleza y el universo, y consagrada a la búsqueda de la felicidad y realización del verdadero Ser.

Citando la cinta “Fight Club” de David Fincher (1999): “Si no sabes lo que quieres terminarás teniendo un montón de cosas que no necesitas”.

Finalmente, sólo será con la concientización respecto a los beneficios que nos generan estos modelos alternativos económico-socio-culturales, en lo particular y en lo social, que estas ideas y grupos puedan seguir expandiéndose y propagándose, retomando virtudes y valores profundos necesarios para la humanidad como: la justicia, la equidad, la colaboración, la inclusión, la distribución de la riqueza, la sustentabilidad ecológica y económica, entre otros; todo ello frente a la falla de un sistema que se agota y se autodestruye a medida que avanza.

Será necesario, entonces, el llamado y la invitación para cambiar nuestra mentalidad y nuestro estilo de vida, para re-encontrarnos y re-definirnos a partir de aquello que realmente somos y no de aquello que poseemos o aparentamos.

Aquí te dejo algunas pequeñas acciones que pueden cambiar el mundo y generar una verdadera Revolución Cultural:

  • Sal del sistema

En la medida de lo posible, cambia tu pensamiento y conducta. Sal del esquema, cuestiónate más, busca y persigue aquello que realmente deseas y te hace feliz. Busca tu felicidad en tus propios valores y no en base a las expectativas sociales.

  • Desconéctate

Usa menos la tecnología y más la inteligencia. Lee más y ve menos TV. Interactúa más con la gente y usa menos las redes sociales. Utiliza menos los dispositivos móviles y activa más tu mente y tu cuerpo.

  • Compra inteligentemente

No compres por impulso, moda, ni marca. Piensa y planea bien tus adquisiciones. Compra sólo aquello que verdaderamente quieras y/o necesites.

  • Consume local

No compres en el supermercado, grandes almacenes, ni tiendas de marca; trata, preferentemente, de comprar en mercados, tianguis y pequeñas tiendas y establecimientos locales.

Menos Oxxo, mas tiendita

  • Apoya las causas justas

Busca que aquello que consumes esté relacionado a una buena causa como: comercio justo, amigable con el medio ambiente, apoyo a comunidades marginadas, etc.

  • Aprovecha y recicla

Antes de tirar o desechar aquello que ya no utilices, ve si le puedes dar algún otro uso o si es de utilidad para alguien más. Igualmente separa adecuadamente los materiales para su re-aprovechamiento.

  • Compra-arte y apoya la economía familiar

Si tienes algún amigo o conocido artista, creador, emprendedor o empresario con una marca o negocio, no le pidas prestado, fiado o regalado; por el contrario apóyalo consumiendo sus productos o servicios.

  • Valora el trabajo y no regatees

Los precios de las pequeñas empresas locales, generalmente, son justos y competitivos y no se comparan con los costos de las grandes marcas que se venden en boutiques y tiendas de prestigio y que, en su mayoría, manejan altos sobreprecios, con míseros salarios, en pésimas condiciones laborales y explotación a obreros y trabajadores, para enriquecimiento único de sus multimillonarios propietarios.

Sigamos adelante, apoyando, difundiendo, consumiendo y concientizando por una nueva cultura en una nueva era.

 

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