Inmerso dentro del Deep Blues

Luis Eduardo Alcántara

Los documentales de campo en materia de blues siempre son excitantes. Recorrer la naturaleza y los pueblos en busca del talento musical escondido detrás del horizonte, con frecuencia retribuye éxitos insospechados. Así lo entendieron, en los años veinte, aquellos primeros cazatalentos de las grandes compañías fonográficas como la Columbia, quienes iban con su estudio portátil de grabación a las granjas, o bien emprendían las negociaciones pertinentes para que los bluesmen viajaran a cabinas mucho más formales en ciudades como Chicago o New York, y de esa forma dejaran plasmado en el acetato su indiscutible talento. Tal vez la imagen paradigmática de estos exploradores etno-musicales sea John Lomax, un hombre cuyo trabajo de campo aportó a la Biblioteca del Congreso de Washington, datos únicos y acervos impresionantes de una riqueza histórica portentosa (baste recordar qué él descubrió y grabó a Leadbelly).

De forma paralela, su hijo Alan le acompañó también en la realización de dichos recorridos, lo cual constituyó un aprendizaje fundamental para las investigaciones propias que el muchacho realizaría tiempo después, también enfocadas a analizar la música, folclore y cultura de los Estados Unidos. Inspirado en el tipo de investigaciones que ya había realizado gente como Samuel Charters –quien fue uno de los primeros sociólogos en interpretar la forma de vida y la poética que generaban los artistas de blues–, Alan Lomax impulsó diferentes proyectos que trascendían lo meramente musical: exponía, en primer término, la realidad social que determinaba el tipo de arte que es el blues. Y así generó un documental magnífico: La tierra en donde el blues nació (1978).

En 120 minutos, la película se convierte en un testimonio fílmico de las diferentes etapas históricas por las cuales transitó este género musical, enfocándose en la mencionada región del delta; pero –y aquí viene lo interesante– va trasladando al espectador como si efectuara un viaje -en el medio de su predilección- haciendo “paradas” en los sitios considerados claves. Para ello, Alan grabó y recogió los testimonios de artistas como Belton Sutherland, Sonny Boy Nelson, R.L. Burnside, Clyde Maxwell, Joe Savage, Sam Chaptmon, Jack Owens y Napoleon Strickland, entre otros. Lo mismo incluye escenas en bares y lounges, que en plantaciones y campos de trabajo.

Bajo la óptica de Robert Palmer

Fue de tal magnitud el impacto que generó la película que, años después, inspiró la realización de otros proyectos similares, cada una con aportes específicos. En Francia se lanzó un buen documental llamado Mississippi Blues, quizá un poco lento en su ritmo y en su discurso, lo cual deriva en cierto tedio. Pero el filme que de verdad se lleva las palmas por su atractiva factura es Deep Blues (1991), escrito y conducido por el productor Robert Palmer, el mismo personaje que fundaría años después Fat Possum Records. El guion parte de lo establecido anteriormente por Alan Lomax, recorrer pueblos y ciudades para recoger testimonios y opiniones en directo de los bluesmen, pero aquí el elenco es más numeroso y además se incluyen temas completos filmados totalmente en vivo, en los lugares de ejecución (obviamente existe un soundtrack que ahorita es de colección). Las similitudes con la obra de Lomax son muchas, por ejemplo, es curioso que Palmer también cante a “capella” fragmentos de una melodía tradicional sureña, de la misma forma como Lomax lo hizo en su trabajo anterior.

Pero no debemos reducir el proyecto de Palmer a una simple copia. Con anterioridad había lanzado el libro titulado Deep Blues (1982) con un ánimo mucho más académico y sociológico para tratar de analizar, mediante entrevistas y artículos, el entorno social que sigue detonando la generación de la cultura del blues en Mississippi y otras regiones del sur de Estados Unidos; lo que sería un apoyo invaluable a la hora de trazar el proyecto de la película en compañía del director Robert Mugge, y también del músico y compositor David Stewart (miembro del grupo Eurythmics), un cuate que me sorprendió gratamente ya que se despoja de la imagen anodina que suele acompañarle dentro del new wave, y demuestra sus conocimientos y su gusto por interpretar música tradicional americana (country y blues). Stewart aparece junto a Palmer en la primera parte del filme, y además protagoniza un emocionante dueto acústico con R.L. Burnside, justamente en el tema “Long Haired Doney”, rodeado por gallinas, perros y la familia de Burnside acomodada en campo abierto.

Tanto Burnside como Jack Owens habían participado previamente en la cinta de Lomax. Algo que llama mucho la atención es la fidelidad con que el filme retrata el denso ambiente que priva en los bares y lounges exclusivos para “negros”. Hay escenas memorables de actuaciones en directo de Junior Kimbrough, Jesse Mae Hemphill, Big Jack Johnson y Roosevelt “Booba” Barnes, en estos denominados Juke Joints en los que se vive el blues con plena intensidad, a tope, con cuerpos que sudan y jadean al compás de cada canción, y con la entrega total de los músicos en un éxtasis sólo comparable al Nirvana en que entraba Muddy Waters –él mismo lo confesó varias veces–, después de interpretar algún concierto como Dios manda. El momento acústico corre a cargo del dueto asentado en Bentonia, Jack Owens y Bud Spires (guitarra y armónica), continuadores del blues mentalmente perturbador que edificó por aquella zona Skip James.

De especial relevancia es la actuación de Lonnie Pitchford en dos temas acreditados a Robert Johnson, pues constituyen un gran tributo: “Terraplane Blues” y “If I Had Possession Over Judgment Day”. Antes de morir de sida, Pitchford se consolidó como un especialista en la técnica del slide. Era capaz de tocar con una sola cuerda, según se aprecia también en el multicitado filme de Lomax; lo cierto es que con su estilo limpio y sus vocalizaciones adecuadas, Lonnie cierra la película Deep Blues de una forma espléndida. Poco después de su estreno, la revista Rolling Stone dedicó al filme, el siguiente comentario: “Este documental ilustra la vitalidad permanente del country blues, un estilo que la mayoría de los aficionados a la música había dado por muerto o en el mejor de los casos, conservado a través de tributos. El veterano escritor de blues y rock Robert Palmer sirve de guía, desde Mississippi hasta Tennessee, en un viaje por el presente de este estilo musical”. Si tienen la oportunidad de conseguir la película, háganlo, la experiencia será altamente reconfortante.

Título original: Deep Blues. Año: 1991. Directorr: Robert Mugge. Guión: Robert Palmer. Fotografía: Erich Roland. Productora: Oil Factory. Fotografía: Erich Roland. Productora: Oil Factory.

Dave Stewart, Robert Palmer y R.L. Burnside:

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