Observar en vez de juzgar

© Fabienne Domb

Juan Angel Moliterni

Cuando juzgamos, creamos karma negativo. El juicio es una función de la personalidad. Si nos encontramos comprometidos con el punto de vista del alma, debemos dejar de juzgar, incluso cuando se trata de acontecimientos que parecen impenetrables.

La observación sin juicio nos permite experimentar directamente la imparable corriente de la inteligencia, el esplendor y el amor del Universo del que forma parte nuestra realidad física. En el marco de nuestro proceso evolutivo: la encarnación y la reencarnación continua de la energía del alma en la realidad física tiene el objetivo de purificar y equilibrar su energía de acuerdo con la ley del karma.

Dentro de este marco, en tanto que individuos y como especie, evolucionamos siguiendo el ciclo de no tener poder para llegar al dominio e sí (automaestría). El marco de actuación en que se mueven el karma y la reencarnación a través de la que evolucionamos es neutral. Las acciones y reacciones llevadas a cabo en el medio físico ponen la energía en movimiento, e informan nuestras experiencias y, en ese proceso, nos revelan las lecciones que el alma debe todavía aprender.

Ello nos permite experimentar los efectos de lo que hemos creado y, como consecuencia, aprender a crear responsablemente. El marco en que se mueven el karma y la reencarnación es impersonal y, en respuesta a las acciones de sus personalidades, proporciona a cada alma las experiencias que precisa para evolucionar.

Por tanto, la orientación, o la actitud, con la que una personalidad se aproxima al proceso evolucionista, determina la naturaleza de las experiencias que requerirá para la evolución de su alma.

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