Conspiraciones y otros alucines sobre Trump y la capirucha

© Daniel Trujillo

David Cano

¿Qué rock, plebes ilustres? ¿Quieren qué les cuente un cuento? (¡Ah, chinga! De seguro Cano de morro veía “La caravana”; pa´ qué les digo que no, si sí). Aquí les aviento un cuentuco nacido bajo el signo de lo patafísico, aderezado con distópicas visiones del futuro; espero no crear un efecto anabarbaresco, por aquello de que les asuste, pero les guste. Y si bien no les agrada el contenido que les vengo manejando en esta entrada, para eso tenemos la incursión de Daniel Trujillo con la ilustración que nos compartió para pimpear la columna.

Hoy en día, después del desencanto generado por el último estertor de los estallidos sociales a nivel global, el Occupy Wall Street y la Primavera Árabe, podemos estar de luto, puesto que ya definitivamente estiraron la pata las revoluciones y con ellas la contracultura.  ¿Cuál fue su error? Saberse auténticas. Porque en este mundo todo es mentira hasta que se convierte en verdad; eso lo saben bien los dueños del orbe, dígase: políticos, banqueros y demás granujas, por supuesto, con ellos incluido Trump. Mientras en México estamos en una batalla absurda entre chairos y fifís, el güero pelo de mapache atropellado tiene grandes planes para enchonchecer su cartera con nuestro país, sobre todo, con la capirucha de la nación nopalera: CdMx.

Para que este chorizo tenga algo de sentido, primero estableceremos un deal mis estimados, plebes.  Hay un relato del nunca bien ponderado maestro de maestros, José Emilio Pacheco, titulado “El principio del placer”, el cual sirve muy bien para explicar cuál es el juego que les gusta jugar a los políticos. En el cuento de Pacheco, el personaje principal es un adolescente fanático de la lucha libre, al grado de involucrarse en un tiro por defender a su luchador favorito:  Bill Montenegro, quien contaba con un acérrimo rival, El verdugo Rojo.

En la narración hay un momento donde el chamaco ve a su ídolo del ring pisteando de lo lindo con su archienemigo, entonces el personaje se cuestiona: ¿De modo que en realidad la lucha libre es mentira y los enemigos mortales son grandes cuates en la vida privada? ¿A poco no les suena? De modo que, aunque les duela chairos y fifís, después del primero de julio, Cabecita de Algodón y Lord Peña bailarín tiraron party. La política es emulación, espectáculo y un mal chiste que no divierte.

Quedando claro cómo es el funcionamiento de la política, volvamos con el güero Trump y su relación con la capirucha. Más allá de la parafernalia creada por la construcción del supuesto muro, escaparte ficcional de un supuesto odio, porque como dice Julio Jaramillo “sólo se odia lo querido”. El presidente del gabacho será ignorante, podrá tener mal gusto, usará un crepé ridículo, pero de pendejo no tiene un pelo. No debemos olvidar que Trump antes de ser político es un empresario exitoso y mediático. Él sabe que el discurso del odio, vende y bien.

Uno de los beneficios de fingir el desprecio por los inmigrantes, es el ahorro que implica no darles las prestaciones de ley por su chamba, además, de malbaratar más la mano de obra, so pretexto de las fuertes políticas migratorias. Los inmigrantes representan el 17% de la mano de obra del país de las estrellas y las barras, por ende, si le echamos números, esto constituye un titipuchal de dolarucos.  Por lo tanto, no hay que clavarnos tanto en la superficie de la cuestión del muro, además, de poco serviría, porque los de Control Machete bien lo decía en sus liricas desde el 96: “que vas a poner un muro/ sabemos taladrar/ por seguro te damos duro” ¿Comprendes, Mendes? Así que no punda el cúnico, todo eso es mero teatro.

Dejando de lado lo del muro, ahí les va derecha la flecha respecto a los planes de Trump con CdMx. Hay un dato muy importante sobre cómo consolidó su fortuna el pelos de mapache atropellado. Dice la leyenda que corría el año de 1975 y la Gran Manzana se encontraba al borde del colapso económico, el gasto público había generado una gran crisis; NY estaba endeudado. Las clases medias huyeron de la ciudad y con ellas su varo de los impuestos. Los banqueros prestaron más lana a la ciudad, pero llegó el punto donde era imposible que la urbe pagara la deuda y optaron simplemente por dejar de darle crédito ¿Cuál creen que fue la solución de los gobernantes ante la problemática? Políticas de austeridad, donde los sectores de trabajadores de la educación, burócratas y bomberos fueron los más afectados, ¿a poco no les suena familiar?

Aquí es donde entra en escena nuestro antihéroe el Trompas, él cabrón tenía un plan: salvar la economía de NY convirtiéndola en una ciudad para ricos. ¿Cómo lo logró? Así está el rollo: Él se dio cuenta de que el gobierno ya no podría subvencionar viviendas para la perrada, entonces comenzó a comprar edificios abandonados a precios muy bajos y anunció que iba a transformarlos en hoteles y apartamentos de lujo, pero con una condición muy cabrona, que le dieran la mayor rebaja en taza de impuestos de la historia de NY. Le perdonaron al vato nada más y nada menos que 160 millones de los verdes, y por si fuera poco, los banqueros viendo un gran negocio en el proyecto del güero, pues que le prestan una lana.

¿Y qué tiene qué ver la capital de nuestra república con todo esto? Acá la respuesta: cuando se hizo el cambio de Distrito Federal a CdMx, me pregunté ¿y ahora cómo le va a hacer Ciudad Monstruo para subsistir, si vive del centralismo, la administración pública y los subsidios? En ese momento pensé, no le queda de otra que consolidarse cómo una ciudad con una economía basada en el sector terciario, por lo tanto, sería necesario condiciones parecidas a la que vivió NY en los 70. En ese sentido, el mercado inmobiliario es la pieza clave para lograrlo, como en su momento pasó con la gran manzana.

Hay señales muy claras de cómo CdMx será un nuevo NY. Una de ellas es el vertiginoso proceso de gentrificación y el encarecimiento del gasto en vivienda. La fortuna de Trump tiene una fuerte relación con la industria de la construcción y en México ya ha invertido demasiado billullo para perderlo por su “odio” a los beaners. Nomás para que se den una idea, el vato tiene registradas actualmente 21 marcas en nuestro país, que van desde bienes inmuebles, pasando por complejos turísticos, hasta por una marca de choninos.  De sus inversiones más destacadas son: Trump Isla Cozumel, Trump Ocean Resort, Trump Attaché, The Spa at Trump, The Donald J. Trump Signature Collection, Trump Home, Trump & Crest Design y “Trump”, nombre propio de la celebridad convertido en marca exclusiva.

Entonces plebes ilustres, si estaban con el pendiente porque no tenían ni visa ni varo para irse a vacacionar a NY, ya no se achicopalen, pues tarde que temprano Chilangolandía será una ciudad muy parecida la Gran Manzana, eso sí, nomás vayan despidiéndose de las garnachas callejeras y los bares cutres con cheve bara bara, porque el mercado informal está por chupar faros, salvo en los guetos, como sucede allá en los niuyores.

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