El editor ideal

Lilitt Tagle*

Hoy en día, sólo mirando a nuestro rededor, es posible asegurar que la actividad editorial crece a paso veloz para mantenerse al nivel con que aumenta el número de personas que se declaran a sí mismas escritores. Algunos de estos escritores declaran sin empacho que no tienen una formación en el ámbito de las letras pero que desean expresar sus sentimientos, emociones y pensamientos mediante la palabra escrita. La poesía, a mi juicio, es el género más socorrido y en segundo lugar, el cuento. Ambos géneros cobran relevancia en esta actividad emergente que se dispara en las redes sociales, principalmente en Facebook, una pizarra infinita en donde la gente escribe todo aquello que quiere. 

Como complemento a este fenómeno, otro grupo de gente se declara editor y sus miembros intentan cubrir este nicho del mercado que a las grandes editoriales no les es atractivo porque saben que difícilmente se llegará más allá de la primera edición con un bajo número de ejemplares y porque vender libros, sobre todo de poesía, es muy difícil, incluso de los autores renombrados. Solo hay que darse una vuelta por las librerías Educal y revisar las mesas de remates.  

Este segundo grupo tiene muy claro que todo aquel que ha dado el primer paso en la escritura, desea publicar un libro y es así como, en la actualidad, y gracias a la tecnología digital, se produce una cantidad de nuevos libros de papel como en ningún otro momento de la historia. Lo que no deja de ser una paradoja, puesto que precisamente es con herramientas digitales como han sido desplazados de los anaqueles los libros tradicionales. 

Por otro lado, además de ver cristalizada su obra en un objeto de lectura de tres dimensiones, el sueño de todo escritor novel es dar con el editor ideal. Pero ¿cuáles son las características que definen a un editor ideal? ¿Cómo decidimos a quién confiar la edición de una obra? La primer respuesta es que no sería buena idea decidir quién manufacturará un libro con base solamente en el presupuesto más económico. Tampoco caería en la definición de editor ideal aquellos quienes ceden a los deseos del cliente sin hacerle ver sus errores de cualquier tipo que éste cometa. Por otro lado, un editor ideal debe contestar a la pregunta de si está dispuesto a ayudar a sus escritores a promover los libros que le publica.

Mi idea de editor ideal es que éste debe ser minucioso y contar con un catálogo de los trabajos que hace. Conocer a quienes son tus pares en una determinada colección o marca, es de una inagotable riqueza. Codearte con quienes escriben semejante a ti, ayuda a mejorar y participar en ferias y exposiciones de manera grupal. Haría más fuertes a los colectivos de poesía.  

El editor ideal debería ser alguien que se identifica en el mundo editorial por haber establecido un género o subgénero para sus publicaciones. Alguien que estuviera orgulloso de los autores que publica. También sería de gran ayuda que cada editor brindara apoyo para la difusión de las obras que produce, pues una vez que el libro ha sido fabricado en papel, clama por su difusión y puesta en el mercado.

Colocar el libro justo ante el público y ante el mercado que corresponda, es la parte más difícil. Muchas veces, el mismo autor escribe lo que siente y desea transmitir su experiencia o aquello que ha estudiado o investigado pero exactamente no está pensando en un público meta. Desafortunadamente, la mercadotecnia exige identificar cuál es el público meta al que se quiere llegar con el arte que se produce. Cuál es el público al que va dirigido es realmente difícil y complicado descifrar de antemano. No hay como la ayuda de un experto, y ése, es el editor ideal.  

*De Antología BABEL 2018

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