Paseo

Graciela Roque García

Hoy cumplo ocho años, mis padres, grulla y elefante, mi abuela águila y mis tíos: búho, castor y marsopa me llevan junto con mis hermanos menores a pasear al lago Chapultepec. Cuando llego, decido abordar el primer viaje, mi padre, como todo un capitán, va al frente y yo me siento atrás; grulla y el pequeño koala no alcanzan lugar.

En el recorrido disfruto el ruido de los remos contra el agua y el parloteo de los patos y mis tíos, al pasar el puente, marsopa se levanta, toca el techo y grita que hay que nivelar la lancha, me digo que ya soy grande y puedo ayudar, me incorporo y aprisiono un tubo; entre la algarabía, me quedo colgada, me sostengo hasta que me canso y caigo. Me sorprendo de que el agua no se vea azul, unas plantas como lianas o serpientes se cruzan en mi camino: me voy padre, mi mucumito querido, ya no tendrás a quién preguntarle quién te quiere más, ya no te contestaré que tú padre, que nadie más que tú me quiere en esta vida, que tú eres mi protector, mi superman, mi piedra fuerte, mi gigante, que te extraño cada vez que te vas de viaje, es decir, casi todos los días, porque cuando regresas estás conmigo un rato y luego te duermes lo que resta del día y después te marchas de nuevo; adiós papá, ya no me preguntarás cuando te enojas con grulla que si me iría contigo, ya no me sentiré culpable de decir- te que si tuvieras otra mujer también te aceptaría, que me iría contigo a donde quieras, a donde fuera; ya no estaré contando los días que faltan para que regreses, imaginando en dónde podrás estar, ya no te diré que creo que mamá no me quiere porque me pellizca, se burla y me pega cuando tú no estás, ya no me contestarás cómo no te va a querer tu mamá, así de corto es el tiempo que nos tocó compartir, ya no seré tu princesa, ya no podrás darme esos abrazos que me quitan el aire y esos besos “llenos de virus”, como dice mi mamá.

Mi mamá sostiene que mi abuela no me quiere porque anda hablando que no soy tu hija, pero yo creo que sí eres mi papá porque tienes los ojos verdes como esa agua que siento reposada en el pecho y que ahora es una neblina espesa que hace lentos mis movimientos y se está metiendo en mi nariz y en mi boca. De pronto, alguien me toma y me eleva hasta rebasar el nivel del lago, salgo como una flor exhausta, toso, toso, toso.

Papá me rescató, grulla está resentida conmigo porque ya no hubo un segundo viaje, regresamos al pueblo, tiene días que papá se encuentra en un cuarto oscuro, trato de verlo por la ventana porque grulla no me deja visitarlo, está cubierto por muchas cobijas y tiembla, dice grulla que debo sentirme culpable porque enfermó por mi culpa, nadie ha podido curarlo y como último recurso han llamado a una viejecita delgada y bajita que cuentan que es bruja y remedia el espanto, no sé cómo porque no me dejan ver pero, al final, le da de tomar una bebida de espíritu con gusano y se está curando.

gracielaroquegarcia@yahoo.com.mx

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