La radical transformación del libro de texto

©Rick Beerhurst

Proyecto 451*

Durante décadas los editores de libros de texto siguieron un esquemas más o menos básico: lanzaban para las instituciones educativas un gran tomo de conocimiento para que lo incluyan en la currícula, los estudiantes pagaban por él y se revisaba y actualizaba su contenido cada tanto. Pero en los últimos años, esta modalidad empezó a cambiar: la propiedad dio paso a los alquileres y lo analógico a lo digital.

Pearson, uno de los mayores editores de libros educativos del mundo, recientemente anunció que a partir del próximo año sólo publicará contenido en formato digital. Esta estrategia digital de Pearson es un paso significativo hacia un modelo de negocio más sostenible, basado en los alquileres, las plataformas digitales y la posibilidad de actualizar los contenidos de los libros de un semestre al otro.

Cengage, otra de las grandes editoriales en Estados Unidos, y que está en proceso de fusionarse con McGraw Hill, ofrece el “Netflix de los libros de texto”. Un modelo donde los alumnos pueden acceder al contenido por USD 120 el semestre y USD 180 por todo el año. Bajo este modelo, ya cuenta hoy con un millón de suscriptores.

Pero no todas las voces son a favor con respecto a la “digitalización del aprendizaje”. Según Lauren Singer Trakhman, quien estudia comprensión de lectura en la Investigación Disciplinada y de Aprendizaje de la Universidad de Maryland, “los estudiantes no sólo retienen menos cuando leen digitalmente, sino que es más probable que sobreestimen lo bien que comprenden el material”.

En el medio de esta transición quedan planteadas los puntos divergentes sobre cómo debería ser el aprendizaje en el siglo XXI (Wired, 4 minutos).

*Texto recibido vía e-mailing