Aparición de un cerdo que cautiva

Daniel de Cullá

Éramos tres infantes, yo, Domnino Remigia y Prisca, dos gemelas
Que, un día, dijimos a nuestros padres Que nos íbamos a jugar
Y nos fuimos de Fuentepelayo a Aguilafuente En la provincia de Segovia
Pues había fiesta en Aguilafuente
Y, a la hora de las vaquillas
A algún mozo veríamos voltear. Caminamos y, a la entrada de un pinar
A las dos chicas les entraron ganas de mear. Yo les dije:
-Cuidado donde ponéis el Chumino Cuando vayáis a orinar.
Yo las contemplaba
Y me parecieron sus chuminos
Como dos murcielaguitos que se ponían a jugar Asustados con sus chorritos de mear. Cuando ellas terminaron
Nos pusimos a caminar
Como esos peregrinos que buscan
La estrella del vino

El cochinillo o el lechazo.
No habíamos andado mucho
Cuando detrás de un pino
Vimos a un paleto con chaleco de piel de oveja Y pantalón de pana
Que frotaba con su mano derecha
El fruto de su bragueta
Y con su mano izquierda Cariñosamente apretaba al resinero pino. Remigia dijo:
-Yo le veo igual que a mi padre
A quien, un día, vi en el cuarto de baño Arreando a su As de oros
Como un pene inmenso
Del que, algún día, como mi madre
Yo pueda gozar.
-Pues yo, replicó Prisca
Le veo como lo que es:
Un pajillero exhibicionista de mierda Que lleva su pasión
A servir de guía
A la resina del sufriente pino
Que cae, ahora, como su esperma Sobre el tiestito de barro tirando a rojo. Yo les dije:
-Yo le considero, no más, que un cerdo Que masturba esa poya gloriosa

Que, a la hora de la siesta
O en la noche de pasión Traspasará los remos de su esposa hermosa. Nos fuimos corriendo del lugar
Y riendo
Pasando cuatro pinares, cinco. Llegando al sexto
Ya muy cerca de Aguilafuente
Pues se divisaba, a lo lejos
El campanario de su iglesia
Ellas dos se sentaron en unos troncos de pino Recién serrados
Y yo me tumbé en el suelo.
Sobre el suelo había muchos espinos
Y no me importó
Que traspasaran mi espalda y nalgas Pues empecé a frotar este mi pene divino Panza arriba
Como Aladino a su lámpara
Al ritmo de esta canción de las chicas: “Aserrín, aserrán, maderito de san Juan” Y Ja, ja, ja.
Al séptimo frotamiento
Comencé a eyacular angustioso
Y dulcemente doloroso.
Como dos sotas las niñas vinieron
Con pañuelito blanco

A limpiar la cara de mi glande hermoso. Estando en esta limpia de mi gurriato Tonto, sandio
Se escuchó como cierto ruido ronco y bajo Que venía de un cielo claro.
-¡Gualá ¡ exclamó Remigia.
¡Es un Guajamón de pelo bayo tirando a amarillo Con cabos blancos ¡
-No, replicó Prisca.
Es Gunderico, rey de los vándalos
Que dando por culo a Genserico
Le condujo a África desde España.
-Ja, ja, Ja, reímos todos
Y yo exclamé:
– No, mis niñas, no.
Es un piadoso cerdo con alas
Que nos mira con carrillada hermosa
El rey de nuestros padres primeros
El que anualmente muere por nosotros
Y nos alimenta con su matanza.
Los tres, admirados por él
Y considerándole rey de cielo y tierra
Nos arrodillamos
Y él se vino a nosotros
Dejando sus alas en la copa de un pino Hablándonos de esta manera:
-Infantes, hijos míos amorosos

Yo no soy El Sacamantecas ni El Hombre del Saco No soy ese cura pedófilo de vuestra iglesia
Ni ese Chorrasebo que se os apareció detrás de un pino O se aparece frente al patio de vuestro colegio
Yo soy un Cerdo frescachón
Robusto y de buen color
Que allí arribita, en el cerro
Ha dejado a una joven bordando
Con un niñito dentro
Que no llega a los siete meses.
Yo soy el que muere por vosotros
Y con mis pecaditos de cerdo
Os saco de la crisis y de vuestras hambres.
Un rey me considero de cielo y tierra
Y doy el mejor placer a los cerdos y a las cerdas Con mi pene en espiral.
La vida no tiene explicación
Es como un juego de cartas
En chanza, picante, fuera de propósito. Despertad si estáis dormidos, mis niños
La represión del Estado y la Muerte
Siempre aguardan.
Sabes, también que los niños que más lloran
Con un llantito lleno de penas
Son los niños de las solteras.
¡Ah¡ Y si queréis triunfar en la Vida
Sin tiraros a la vía del tren

O a las ruedas del algún coche
Caer en gracia
O conseguir alguna prebenda
Acordaos de mí
Y gruñid delante de todas las Excelencias
Que os subyugan y dominan
Recitando el gruñido de los Cerdos Cochinos, Lechones, Marranos, Gorrinos, Puercos. No basta que yo lo afirme, os digo
Lo vais a comprobar en vuestra diaria vida Como lo estáis comprobando
A tiempo bellamente o malamente
Con ejemplos claros.