Cuando seminarista

Daniel de Cullá

Cuando seminarista
De más o menos catorce años

En la fiesta más solemne
A la mitad de la luna de Marzo
Me iba al pueblo a ver a Pascasia
Joven como yo, y bella
Quien por estar cerca de su casa
Se iba a ella a pasar las pascuas
Y yo con ella.
Yo estaba muy contento
Y, antes de verme con ella
Me confesaba con el padre espiritual
A quien, alegre, le decía que ya hacíamos sexo “Como usted que lo hace con una madre abadesa”. -Para, muchacho, calma, él me decía
Toma mi bendición y vete con dios.
No reces ningún padrenuestro ni avemaría Pero cuando yo termine de confesar
Vente de nuevo al confesionario
Y cuéntame cómo te la montas en esto
Con tu varilla o púa
Para hacerle la raya al Sexo de tu chica.
Me senté en un banco
Frente a un Cristo crucificado
Y cuando él acabó o finalizó de confesar
Me fui hasta él de nuevo Arrodillándome justo frente a él
No a ningún otro lado.
¡El me parecía un ejemplar de grajo

En el que estaban contenidas hasta sus partes ¡ Le dije:
-Cuando nos amamos, Padre
Cuando hacemos sexo Celebramos gozosos la fiesta grande
De la Luna de Marzo.
Cuando ella lleva en sus manos
Un resplandor de mi pene luz
En su coñito vive y palpita
Una pepita de Amor.
Cuando con pene entramos
Y nos hacemos un mismo sexo
Con lucidez soplan vientos de nuestros culos Porque, de verdad, nos queremos. Cuando nos besamos
Se nos juntan las lenguas.
Cuando la fuerza de mis pelotitas
Que estaba oculta
La vence y dobla con su poder
Ella pierde sus temores
Y me abraza con placer.
Ella es levadura y yo llama, Padre
Que, juntos, queremos arder
E ir uncidos como los perros
Para vencer nuestras pasiones
Y, alegres, bailar en la Velada Escuchando a las gentes que dicen:

-Pascasia y Pentecostés se casan.
El tendrá que abandonar el Seminario Y ella irse de casa.
Más yo no me iré
Pues quiero llegar a ser
Cura putero o pedófilo
De su parroquia.

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