Mi pensar y sentir sobre la marcha del 16/08/19

Débora Hadaza

El viernes mi hija se enfermó del estómago, eso me hizo no estar tan pendiente de “la Marcha de la Brillantina” aunque quisiera. Como hasta las 11p.m.  leí un mensaje en whatsApp ¿Qué piensas de esta marcha feminista en el Ángel?

Nunca he ido a una marcha. Me da vergüenza, en los últimos años mi país ha experimentado situaciones tan horrendas e injustas que debí haber estado en alguna de las muchas marchas expresando mi rabia. Pero no lo he hecho, no sé si tengo razones, pero mis excusas han sido que no tengo con quién ir y me da miedo ir sola, y la otra, quizá más profunda: me da terror volverme un ente casi zombie en una masa furiosa. Siempre tengo eso en mente en todos los eventos masivos, en la iglesia, en los conciertos, en la ferias, -incluso en el metro-, es fácil volverse parte integral de eso enorme y reaccionar sin pensar en medio de “eso”, es fácil hacer lo que los demás hacen, contagiarse de la emoción colectiva, ser parte de sus expresiones y movimientos; siempre trato de estar alerta de no dejar de ser yo, de no perderme dentro de ese flujo. Sé que en una marcha así de sentida me sería muy fácil mimetizarme, ser estopa.

Contesté el mensaje de whatsApp diciendo que necesitaba más información para saber qué pensar y me subí a mi estudio a trabajar en la reseña que debía entregar; como muchos de ustedes tengo la maña de estar checando Facebook mientras trabajo, de tal forma que en lo que escribía sobre una de mis series favoritas me fui enterando, de las pintas, de lo del metrobús, del reportero. Lo del reportero me indigno cuando lo leí, al ver el video me quedó claro que no fueron las manifestantes. El video de metrobús me dejó varios minutos sin saber qué sentir, ni qué pensar. De hecho tuve que ver varios videos desde varios ángulos, ver las reacciones de las chicas, de los expectadores, de las “vándalas”. Fue muy fuerte también ver el Ángel todo pintarrajeado, en verdad lo fue, amo ese lugar, amo -aunque suene cursi o lo sea- lo que representa. Lo que representa…

Seguí escribiendo, sobre reclusas, sobre derechos, sobre mujeres y los abusos que reciben,  mientras escribía se fueron mezclando recuerdos propios, de amigas, de conocidas, de noticias que había leído. De la vez que a mí y a mi amiga nos persiguieron en la noche, con una camionetota negra por varias cuadras y tuvimos que escabullirnos por varios lugares hasta que nos perdimos de su vista, sólo por devolver una sonrisa. De mi (ex) amiga a la que su exesposo la jaloneó tan fuerte del cabello que le hizo sangrar el cuero cabelludo. De una chica familiar a quién su padre le rompió la nariz porque sí, porque es su hija. Del grito de Marisela Escobedo cuando recibió el falló de la jueza que dejó en libertad al asesino de su hija. De la chica embarazada a quién su novio mató y encerró su cuerpo en el closet mientras escapaba, de Lesvy, de calcetitas rojas, de las fotos de los cuerpos dejados en las carreteras. Sé que no es muy inteligente, no necesité mucho tiempo para armar un argumento, encontré esta foto y supe que era perfecta para dar mi posición sobre esa marcha en el Ángel.

Una amiga dijo que si algo así le pasaba a su hija ella solita quemaba la puerta de Palacio. Yo no me atreví a pensar en mi hija porque cuando empecé a imaginarlo el dolor fue tan grande que se cortó la imagen.

Decía que amo lo que representa “el Ángel”. He dicho varias veces que fui criada para ser muy patriótica. Cuando vi el monumento rayado me vino a la mente “y sus templos, palacios y torres, se derrumben con hórrido estruendo, y sus ruinas persistan diciendo: de mil héroes la patria aquí fue”, -soy bien ñoña y me sé de memoria varias estrofas del himno nacional-, luego encontré una reflexión parecida a la mía en Facebook. ¿Qué significan los monumentos, los símbolos, para nosotras? ¿Esa “victoria alada” nos representa a nosotras las mujeres? Durante muchos años creí que sí. Creí en el “nosotros”, creí en la “sociedad”, creí en el pacto colectivo de la mexicanidad. Pero a las mujeres además de nuestra clase social, de nuestro color, raza, y nivel educativo, nos atraviesa nuestro género.

Sí, en México hay impunidad, la sufren todas las clases sociales pero más los pobres, y de entre los pobres mucho más las mujeres. En México hay violencia, pero la violencia hacia la mujer es muy específica, su saña es muy característica, está amparada en todas las clases sociales y es minimizada sistemáticamente por la sociedad. Somos agredidas en cualquier lugar o rubro en donde nos movamos, la Independencia no se aplica a nosotras, los derechos políticos, de empleo, de libre tránsito, ni el más básico, el de la vida. Creo que las pintas y los destrozos son un grito genuino de rabia, pienso que es fiebre con convulsiones, delirios y vomito. Al leer los comentarios misóginos en reacción reafirmo que se trata de fiebre; México está enfermo de machismo y misoginia, muy infectado, muy podrido.

México está pudriéndose en indiferencia y estupidez. Los feminicidios son sólo la punta del iceberg, y son muchos. La violencia engendra más violencia, -hay videos de manifestantes agrediendo hombres y mujeres- cierto, pero quién es el responsable de la violencia ¿quién la sufre y ejerce o quién la provoca? Estamos enfermas de violencia, hemos sido alimentadas con violencia. Muchas veces he deseado que  superemos estas actitudes de “macho violento”, pero ¿en este momento es posible? Por otro lado  ¿son actitudes de “macho violento” o son actitudes y acciones de alguien rebasado por la violencia y por la rabia? Definitivamente no es inteligente, pero es real. ¿Está justificado?

Leo a Poniatowska desde su alto nicho y me da risa. Esto, lo que pasó el viernes -y sigue pasando- es una revuelta, el tiempo dirá si se justifica históricamente como revolución. En una revuelta hay daños colaterales, que duelen porque manchan las razones y las demandas, pero suceden, siempre suceden. Decía Paz que la Revolución fue una fiesta, así de espontánea, así de irracional, así de necesaria. Este movimiento feminista tiene mucho de fiesta, mucho de espontáneo, es bien necesario, México lo estaba pidiendo a gritos, las mujeres asesinadas lo estaban pidiendo a gritos.

Deseo que encontremos maneras cada vez más racionales pero no menos poderosas. Ojalá contemos con más aliados y tengamos más frentes, ojalá no sólo sea un movimiento de masas sino de reflexión personal y que cada mujer y cada hogar se vuelva una trinchera, ojalá más hombres se asqueen de las conductas machistas y misóginas, ojalá los gobiernos actúen defendiendo los derechos de las mujeres no por corrección política o simulación sino porque es justo. Ojalá encontremos más variadas y acertadas maneras, mientras tanto habrá que seguir usando la brillantina violeta.

*Imagen: soybarrio.com

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