Con Lord Byron en Villa Diodati

Daniel de Cullá

Noche de verano tormentosa en Villa Diodati, una mansión ubicada en Cologny, Suiza, cerca del Lago de Ginebra. No deja de verse en el cielo toda la Meteorología: allí cirros; allá, estratos; acullá, nimbos y cúmulos; rayos, truenos, fuegos fatuos.

Cae la lluvia sin parar en este lugar y, por su causa, lúgubre, tenebroso. Lord Byron dice que llueve mucho, demasiado. El salió a la cubierta de la casa, que tenía el defecto de dejar pasar el agua de lluvia, y volvió calado, diciendo a los presentes:

-¡Estoy hasta las pelotas de tanta agua¡

Nadie contestó, pues todos advirtieron que Byron venía con una erección de órdago la grande.

El doctor Polidori, su médico personal, el mejor médico de un Poeta, fue el único que habló:

-Con este tiempo no podemos salir a ninguna parte; y ¿dónde podremos estar mejor que aquí? Podríamos uncir nuestros culos a nuestros cerebros e intentar inspirarnos para escribir grandes obras contra las leyes de la sociedad y su religión, de terror con buen gusto, y con libertad del lenguaje.

Todos, amigos, hermanastros y demás, asintieron, y, cuando le vieron a Byron con su mano derecha guiar su miembro “Macana”, parecido a esa espada de madera usada por muchos pueblos salvajes, buscando un agujero donde introducirle, ocuparon su sitio en la gran mesa de caoba del salón, cogiendo sus lápices y papel, y se pusieron a pensar y a escribir.

Polidori lleva bien el genio, y como sabía que Mary Shelley no llevaba bragas, hizo caer su lápiz al suelo y, al agacharse, contempló su Chumino, que le llevó su pensamiento, diciéndose a sí mismo: “Este Chumino lleva a Roma”, consiguiendo inspirarse en “El Vampiro”, pues le vio cual mono catirrino, diablo, coco, feo y desmedrado, digno de ocupar un solio en el Vaticano.

Mientras tanto, Mary Shelley no dejaba de admirar el pollón de Byron, adivinando cómo estaba a punto de estallar, pues tenía en la punta del capullo una gota de dorada leche o goma arábiga, parecida a la goma con la que encuadernaron los cuentos de “Las Mil y Una Noches”.

¡Byron se masturbó con efusión; eyaculó, arrojando como una especie de afirmado de los caminos de la mística del Culo!

Tanto se retorció de placer, que dio golpes con el mazo sobre la mesa. El golpe le dio de lleno; y tan desgarrado eyaculó, que se dislocaron sus mandíbulas.

De tan guapo que era, quedó disimulado, cual engaño, fraude. Y, al verle así, desfigurado, este Byron orgásmico le inspiró su Frankenstein, que ella le hizo como a beneficiado de Calahorra, maestrescuela y canónigo de Toledo, y secretario del Santo Oficio, muy apasionado y parcial.

Byron goteaba y fluía un líquido que se siente y duele. Para consolarle, por motivo tan liviano, Percy Shelley le dio por culo de continuo, abrazándole sus infortunios; y Byron, sintiendo y doliéndose, también, de la muerte de su hija de cinco años Allegra, habida con Claire, hermanastra de la Shelley, diciendo a los aquí presentes:

-Lloradme por solo, no me lloréis por inspirado; se puso a escribir, y escribió: El Prisionero de Chillón, El Himno a la belleza intelectual, El Sueño, y Estancias a Augusta.

Hubo lloradera, sí; pero la lloradera se fue a la noche lúgubre que rodeaba la villa, pues ellos estaban en buenas relaciones, en armonía. Se llevaban bien; y, a la mañana que brillara el sol y salieran setas, Byron llevaría adelante la idea que tenía de ponerles el nombre de sus amantes: Margaret, Chica de Cádiz, Prostituta de Picadilly 16, Augusta, Caroline, Anna Isabella, Margarita, Mary Gray, Mary Duff, y Teresa, a las que llevaba consigo.

En un momento de arrebato repentino y momentáneo del color del rostro, Byron cogió la grande llave de la puerta de la casa, y, enseñándosela a los presentes, les dijo:

-Mirad y ved de qué se compone la llave:

-Ojo o anillo, Filete, Tronco o caña, Paletón y Morro, Pezón; llevándose, a continuación, el pezón a su ojete, pues, según dijo, tenía un orzuelo o granillo en el Ano, y era la única forma de curárselo y hacerle desaparecer, como le dijo una adivinadora en Cádiz, España.

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