Poema sin cuadro héroe

Luis Armenta Malpica*

Me queda algo de pan y queso en la mochila.
Un candil parpadea y miro el vientre oscuro del cachalote
que se traga mi miedo y posibilidades.
Recorro esos tizones que parecen formar a los mamíferos
y los óleos escurren de los hombres que están 
agazapados en muros de metal. Ese frío que desprenden 
los trazos de mis antepasados
hace una brisa extraña. Siento que se acelera 
mi enorme embarcación
y con cada latido me parece que remo contra mi propia sombra. 
Me refugio en las vísceras de mi B-29
y el aceite que escurre por mi frente es casi un copo:
nieve que pronto deberá tapizar los techos de Hiroshima
y hacer corto el camino hacia mi casa.
Allí me esperas tú, mi madre Enola Gay.
Madre deber cumplido. Casi doscientos años
dura el día que recorro con mis ojos más húmedos
y un botón en mis dedos. Ya gira la verdad con sus hélices lácteas
y vuelve en mí el dolor de mis cartílagos
la asfixia a mi garganta
ese deber 
pendiente por no decirte Bob
mi G.I. Joe
mi joven Pieter Brueghel.
Envejecí de golpe en este vuelo.
Dejé de ser el comandante Tibbets para vivir en los Países Bajos
y saber que la felicidad está en la nieve
más blanca si más roja
tan caliente como mi propio cuerpo
madre magma y uranio.
Me hice mayor detrás de tu mirada
poseído de animal y sus derrotas
en el Rijksmuseum. Espero que sus aguas se separen 
y junten de nuevo en la mirada y en ese verde olivo
madre guerra me estreches y consueles
por lo que vine a hacer. 
Si página tras página (migaja tras la piedra)
vengo a cerrar un libro
que alguien me abra sus ojos de oliva
y de misil. Escribir este poema
me ha dejado el derecho de bautizarte madre
no como Enola Gay sino como yo mismo. La madre mineral
de Bob nunca será la guerra
tampoco su granito. La madre vegetal
con la que duerme Bob es un avión de guerra
pero no es el amor. La madre más animal
de Bob tiene mi propio nombre: el hombre
más pequeño de este océano.
Y si tú relincharas, Caravaggio
serías mi rosa eterna.
Si mugieras, G.I.
tendríamos un edén.
Sin embargo, nos dicen y casi lo anotamos
el único trabajo que hacemos en conjunto
es detonar la bomba: abrir el Paraíso
para nuestro país. Comenzar el infierno
del Imperio del Sol.
Nosotros nos quedamos justo al centro.
Ay, madre Fukushima
verás llegar la nieve desde el sueño
de Akira Kurosawa. Ay, madre Superfortress
no me dejes morir tan blanco y solitario.
Dame ese par de ojivas que Bob tiene en los ojos
como el último cuadro de toda mi existencia.
Que cuelgue de mis huesos
con su tizón y cal. Ay, madre corazón atómico
bríndame una plegaria
de uranio enriquecido. Y me abrace
completo y detonado
el animal que fui.

Amé todos los nombres como si fueran tuyos
y no me había fijado que ambos somos G.I.
Propiedad de la guerra. Su derrota.
Ahora sobra la nieve.

Ojalá tú me amaras 
como amas a los hombres
(propiedad del deseo).

No hay más por recordar: dejo caer
de mí
todo el amor posible.

El mundo nunca ha sido un sitio 
más seguro.

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