Va clareando

Obed González Moreno

©Iván Aivazovsky

A las nueve las gotas caen y se revuelcan en la tierra. Así es en Oriunda. Las aves cantan: sus graznidos, como un cuchillo que raspa la piedra más porosa del mundo.

Un silencio se enreda en la soledad y las paredes comienzan a sangrar recuerdos. Rueda el polvo y en frágiles barcas enroscadas en los gritos de los hombres, van y vienen hasta perderse en el tiempo.

Aquí, entre botellas de aburrimiento, el humo gira y opaca los rotos cristales de esta cantina. Abren de nuevo la herida del pasado. Todo se anega; la montaña se sacude como lobo que ha caído al fango. Sus rocas se precipitan, destrozan hasta el canto de los pájaros; la tristeza queda en el eco del agua y la sumerge en la Tierra. Mi caballo y yo luchamos toda la noche contra el viento; la lluvia, los árboles, la desesperación y la corriente.

Con frío y barro llego a casa. En casa, nadie, sólo silencio y sombras. Un fuerte dolor llega a mi espalda, volteo: un relámpago, tu rostro; un puñal, tus ojos; un hombre tras de ti, un grito y la oscuridad acercándose.

Aquí en el pueblo, me quedé. Soy el único; pero, va clareando ya. La luz lentamente comienza a llenar los agujeros del techo, yo, me desvanezco poco a poco… va clareando.

tn_obed@yahoo.com.mx

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