Omnipresencia

© Spencer Tunik

Manel Costa

Es curioso, cuando todavía nadie tenía conocimiento de mi futura existencia o, paradójicamente, no tenía recuerdo de ella, estoy seguro de que mi presencia en el porvenir o mi huella en tiempos ya olvidados, influía de forma determinada en toda la humanidad.

Mi presencia física, temporal, aun imaginaria y ficticia, significaría una influencia concreta en el círculo donde hipotéticamente habría sido colocado, sin embargo al mismo tiempo este pequeño e insignificante círculo, su respiración casi exánime, incidiría lentamente pero con fortaleza, en los círculos mayores que la rodearían. Estos, a su vez, provocarían la creación de otros círculos más grandes que los anteriores, aumentando de tamaño progresivamente. De este modo, al igual que las ondas formadas en un estanque, no quedaría un rincón de la humanidad sin recibir mis efectos (a la postre, el efecto mariposa).

Sin embargo, antes o después de mi existencia, mi ausencia, mi no ser, también influiría razonablemente en los ámbitos donde yo no tuviera presencia.

Consecuentemente, desnudarme en una misa o asesinar al muerto en un funeral, podría ser uno de los actos más productivos y apropiados, para dejar una huella imborrable en el transcurso de la humanidad, tanto si este camino va hacia atrás o hacia adelante.

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