La masa

© wolfang Lettl

Manel Costa

He visto a la gente barrer las calles, abstraída en su trabajo, sin parar, como autómatas, con sus mejores vestidos, con sus joyas más caras, sin cruzarse ni siquiera una palabra entre ellos, sin apenas percibir lo que hacían. He ido preguntando uno por uno, uno tras otro, sin obtener respuesta, sin que nadie me explicara lo que estaba pasando.

El tendero, el director, la marquesa, el cornudo, la ingeniera, el niño, el religioso, el anciano, todo el mundo en las calles, con sus escobas, barriendo lo que barría el compañero. Por saludo: una sonrisa. Por crítica: una sonrisa.

Las calles, repletas de gente en su menester, conformaban una especie de ballet absurdo que empujaba a la risa. El polvo que movían con sus escobas, dificultaba la visibilidad. Respirar era dificultoso, trabajoso, el aire se podía masticar, pero todas estas circunstancias parecía ser que tan sólo me afectaban a mí; los otros, moviendo mecánicamente su cepillo, respiraban con impresionante facilidad.

Fui tropezando, apartando a la gente, retirando suciedad amontonada (gozaban trasladando la basura de un lado a otro; era demencial, no limpiaban, sencillamente se pasaban la mierda unos a otros; cuanto mayor era la escoba más capacidad tenía de verter las heces al de al lado). Al final pude llegar a mi casa. Subí los escalones con mucha prudencia, casi sin nitidez (hasta allí llegaba la nube de polvo). Abrí rápidamente la puerta de mi apartamento. Fui cerrando ventanas hasta que quedé aislado del murmullo que producían las ramas de palmas al arañar el suelo. Poco a poco, volvió la normalidad a mi cuarto; el polvo, suave y lentamente, volvió a descansar sobre todas las superficies. Me tumbé en la cama y un pequeño halo de partículas nimbó mi cabeza. Encendí un cigarrillo y pensé que no era demasiado bueno todo lo que estaba pasando. ¡Todos al mismo tiempo, no! —me dije— ¡Todos a la vez, no, insensatos, badulaques! Me dormí, a pesar de cierto desasosiego que me perturbaba. Al día siguiente, decidí comprarme una escoba y unirme a la multitud.

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