Inexorable

Graciela Roque

He enterrado mi pie en una cubeta con una mezcla de cemento. Te conocí casualmente en mi trabajo, sin embargo, ya vivía obsesionada: diariamente a las nueve de la mañana observar tu fotografía en internet era mi ceremonia. ¿Cuándo te conoceré?, me preguntaba. Así, cuando pasaste a recoger un trabajo a la oficina próxima y te hicieron esperar, inmediatamente me incorporé de mi asiento para ir a saludarte y ofrecerte un café que aceptaste agradecido, creíste que era la recepcionista, sonreí y aclaré: “no, soy practicante de posproducción”, conversamos y solicité un puesto en tu compañía, argumentaste que no tenías vacantes, no obstante, podía enviarte mi demo.

A la semana lo hice, dos días más tarde, me respondiste con una efusividad que yo no dejaba de igualar y empezamos a establecer una correspondencia con la que intuía ambos tocábamos el cielo.

Meses más tarde, tuvimos nuestra primera cita, ¡qué incertidumbre pensar en lo posible!, si tus labios, en verdad, serían de ese tono rosado claro que recordaba, si podría evitar lo que reclamaba mi cuerpo, si tus deseos fueran los mismos. Llegaste reservado extendiéndome la mano casi sin despegarla del cuerpo, me reí de tu actitud y te abracé con fuerza; asistí a tu presentación, con la que abiertamente me sedujiste, los cíclopes se quedaron flotando en las pieles de la audiencia, rumbo a la salida del edificio, te mencioné que eras mejor declamador de lo que creía, me sentí mal por decirlo y quise disculparme dándote un beso, tu giraste la cabeza y nos besamos.

Después, nos despedimos, seguimos con nuestra correspondencia, cada día te necesitaba más, tus palabras por correo ya no eran suficientes, a pesar de mis citas veladas, no acertabas a acudir, la ansiedad era inexorable, me ahogaba la inseguridad y fui a buscarte, ese fue el final: tienes pareja, eso es todo, no saber tomar el reservado, oculto y mezquino lugar de ser una posible amante.

Yo quiero que me ames y como no es posible, deseo que el silencio enmudezca mis preguntas, no entiendo cómo deshojamos la flor en un segundo y en las manos nos brotó un sapo ensangrentado: este amor es una bomba que me estalló en el cuerpo. He

intentado comunicarme contigo, te mando cartas, mensajes que no contestas, publico anuncios de te amo en los puentes y los muros. ¿No te imaginabas que podía ser de esta manera, verdad?, yo tampoco, nunca había hecho tantas estupideces y si me da pena, ¿en dónde me escondo para que no me vean?, ¿cómo regreso el pasado?, ¿cómo deshago las acciones que te apartaron de mí?

Es inútil, no encuentro otra alternativa que dejar de existir, no hay caminos para este amor, he enterrado mi pie en una cubeta con una mezcla de cemento, ya fraguó, estoy en un precipicio junto al mar, dejo caer nuestros correos en el oleaje, empieza a llover en mi interior como afuera, tengo frío, está anocheciendo…creo que dejé la estufa prendida… se va a acabar el gas… ¿pagué todas las cuentas?, no me acuerdo… ¿y si contestaste hoy?

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