La Puerta de Ishtar

Franck Fernández

Desde niños escuchamos la mítica palabra Babilonia dentro de los estudios de historia o de catecismo. El Antiguo Testamento nos habla de cómo los babilonios lograron arrasar con Jerusalén y el templo de David y, como consecuencia de ello, se llevaron como esclavos a los judíos a Babilonia. En el Nuevo Testamento se nos representa Babilonia como el centro de todos los males terrenales. Babilonia era sinónimo de perdición, prostitución, opulencia y despilfarro. Babilonia era la antítesis de todo lo que representaba el Dios de Israel. Pero Babilonia es bastante más de lo que aprendimos de esa forma. Babilonia fue un gran imperio que, como todos los grandes imperios, tuvo su momento de apogeo y su final.

El río Spree, que no es muy caudaloso, atraviesa la alemana ciudad de Berlín y, sobre este río, existe una isla que lleva el nombre de la Isla de los Museos. Ese nombre se debe a que tiene cinco grandes museos. También en esta isla se encuentra la Catedral de la ciudad, el Dom. El más reciente de todos estos museos es el llamado Museo de Pérgamo. El museo lleva ese nombre en honor a la más importante pieza que alberga, el Gran Altar a Zeus que fue construido en la isla de Pérgamo en la época de los antiguos griegos. Pero el Gran Altar a Zeus no es la única pieza de importancia de este museo.

Al caminar por él también podemos pasearnos por la reconstrucción de lo que fuera la calle de las procesiones de Babilonia pasando por debajo de la famosa puerta de Ishtar. Pero ahora hablemos de Babilonia. Esta capital era una ciudad de 500 hectáreas dividida en 10 barrios. Los barrios de las clases dominantes tenían casas que podían llegar a los 400 metros cuadrados y amplias avenidas, mientras que los barrios donde se hacinaba la gente pobre tenían serpenteantes y estrechas calles. Nunca se sabrá cuántas personas vivían en la ciudad en su época de esplendor, pues también se deberían contar los esclavos y los comerciantes extranjeros que tenían sus negocios aquí. La ciudad contaba con grandes murallas que la protegían de los ataques de los enemigos. Para entrar a la ciudad había 8 puertas, de las cuales la más importante era la puerta de Ishtar, diosa de estas civilizaciones mesopotámicas.

Ishtar era representada como una mujer con garras y alas de águila y era la Diosa del amor y de la guerra, de la vida y de la muerte y, junto con Marduk, eran los dioses más importantes del panteón mesopotámico. Por demás, Marduk era el protector de Babilonia. En el centro de la ciudad se encontraba el templo a su dios supremo, al que se llegaba por muy amplia y arbolada avenida desde la Puerta de Ishtar. A la propia puerta de Ishtar se llegaba atravesando un amplísimo y muy decorado puente sobre el río Éufrates. La llamada puerta realmente eran dos puertas, una interior y otra exterior, con dimensiones de 10 metros de alto por 14 de ancho. Los batientes de la puerta eran de cedro del Líbano con adornos de bronce.

Lo hermoso de esta puerta, que formaba parte también de la Muralla, es que estaba revestida por baldosas barnizadas de color azul marino. Este color lo lograban mezclando a la masa necesaria para su fabricación con polvo de lapislázuli, tan apreciado por las culturas antiguas. Estas baldosas también representaban figuras de toros, leones y dragones con cola y lengua de serpiente, que representaban a los diferentes dioses babilónicos, pero con colores dorado, blanco, negro y verde. Aparentemente la palabra Babilonia procede de un antiguo idioma presumerio y sería Babulu, lo que significa “La Puerta de Dios”. No es de extrañar que así sea, porque esta ciudad era rica en monumentos entre los cuales, los que más recordamos, son la Torre Babel y los Jardines colgantes de Babilonia. Los Jardines colgantes de Babilonia incluso fueron considerados como una de las 7 maravillas del mundo antiguo. La puerta de Ishtar fue construida por Nabucodonosor II, que llevaba el mismo nombre del emperador babilonio que esclavizo a los judíos.

El sitio de Babilonia fue redescubierto a comienzos del siglo XIX y, para el año 1899, el arqueólogo alemán Robert Johann Koldewey con su equipo comenzó a trabajar minuciosamente para desenterrar esta gran capital. Se centraron allí donde encontraron la mayor cantidad de baldosas azules, las empacaron y las mandaron a Berlín donde, después de un gran trabajo de rompecabezas, lograron reconstruir la Calle de las procesiones que era la que pasaba por debajo de la Puerta de Ishtar y que llegaba al templo de Marduk.

Babilonia pasó por varias manos. Los acadianos y los arameos lograron conquistarla. Allí los persas instalaron sus palacios de invierno y hasta el gran Alejandro Magno paseó por la calle que hoy se puede ver en el Museo de Pérgamo. Fueron los partos los que realmente destruyeron la ciudad. Las ruinas de Babilonia se encuentran a unos 60 km al sur de la actual Bagdad.

Para los años 70, Sadam Husein hizo reconstruir la antigua Babilonia, pero no lo hizo con una intención arqueológica ni histórica. Era más bien un impulso populista el que lo llevó a realizar estos trabajos como una manera de ponerse al nivel de los grandes emperadores como Hammurabi o los Nabucodonosor de antaño. Su megalomanía llegó a tal punto que cerca de las ruinas se mandó a construir un palacio. Esta obra le trajo grandes críticas de los arqueólogos que argumentaban que impedían su trabajo. La construcción de este palacio incluso trajo como consecuencia que el sitio de Babilonia fuera desclasificado del patrimonio Mundial de la UNESCO.

Con la guerra del Golfo, Sadam Husein instaló dentro de las ruinas históricas de Babilonia una base militar llamada Campo Alfa. Creía el iraquí que de esta forma los norteamericanos no los atacarían. Lamentablemente los norteamericanos no andaban con paños tibios y dañaron bastante lo que había logrado construir.

De todas formas, si quiere usted tener la impresión más detallada y precisa de cómo se entraba por esta magnífica puerta de Ishtar a Babilonia, de lo que vio con sus propios ojos el gran Alejandro Magno y los emperadores persas, solo tiene que visitar el maravilloso Museo de Pérgamo en la isla de los museos de Berlín.

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