Los días que descienden sobre nosotros para habitarnos

Moisés Mayán Fernández

Cuando toda circunstancia ajena a la sobrevida parece expatriada del corazón humano, Osmari Reyes apuesta por un libro hecho de tiempo y memoria. ¿Qué utilidad puede tener un cuaderno de poesía en medio de una pandemia que se ha cobrado ya más de doscientas mil almas? ¿Por qué en mi confinamiento debería elegir precisamente estas páginas y no otras?


Bajo el título Los días que descienden sobre nosotros para habitarnos, la española Avant Editorial provoca a los lectores, asumiendo la arriesgada maniobra que es toda publicación. En poco más de 70 páginas Osmari Reyes despliega el mapa de su trayectoria vital y nos permite echar un vistazo. Sus poemas se afincan en un verso prolongado que husmea en las zonas limítrofes de la prosa poética, y donde el tiempo se convierte en inobjetable protagonista.
Aleatoriamente me estaciono en ciertos pasajes memorables: Hoy es otro día a la puerta de algo, /a segundos del tiempo, /a solo pasos del paso. /La ruptura llama desde sus cavilaciones, /desde la raíz del odio a la ciudad enferma. Y es que la poesía cuando se produce, contiene en sí los gérmenes de lo intemporal y lo profético. Vuelvo a detenerme arrinconado por los versos que concurren como jauría al servicio del poeta: deslumbrarse ante lo simple, / presentir que la
muerte no es ajena ni es ausencia. /Mirar por encima del hombro, / ver a los que nunca despiertan.


La impresión es que el texto está generándose frente a los ojos de quien lee, en diálogo constante con lo inmediato. Osmari crea una grieta temporal, un agujero de gusano para ir y venir desde su realidad a la nuestra como a través de una autopista. En su proyecto se entrecruzan el pasado de la creación poética, el presente del libro físico o electrónico, y el futuro del lector potencial.

No hay que proponerse nada más en la escritura, esa superposición de planos es un logro que necesitamos celebrar. Los hombres no son los que habitan el tiempo, es el tiempo quien escoge sus humanos guardapolvos ante un nutrido vestidor. El poeta habitado por un tiempo convulso, discontinuo, a veces vertiginoso, a veces coagulado, nos deja testimonio de su existencia. La poesía será siempre una herramienta de sobrevida.

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