¡Es un ángel!

Peter Dabdoub

“No alcanzo a recordar qué es un ángel”, se planteaba el viejo mortecino. Entre sueños distantes recordaba aquellos relatos que escuchó de niño con sabor a fantasías protagonizadas por seres quiméricos. A sus noventa y nueve años, sus memorias se difuminaban en el tiempo ocupando un hueco en el vacío, y aunque su cuerpo se consumía, su espíritu seguía vivo. Cuando cerró sus ojos, para buscar a Dios y refugiarse en sus sueños, pudo percibir a una hermosa criatura con atavíos luminosos que lo tomaba de la mano. ¡Es un ángel!, fue su último pensamiento. Y este viejo apergaminado dejó de ser de hoy y de mañana.

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