Cantos para los desaparecidos

Sihara Nuño

La obligación del poeta es conocer el mundo que contempla; labrar con la palabra la tierra en que muere; alzar al aire las manos y liberar la voz de los que callaron. Decir, eso es, el poeta debe decir y luchar: “no habrá jaulas que quebranten su esperanza.”

Lizeth Sevilla, poeta de la raíz, poeta de una tierra que dio frutos que han sido regados con la sangre de cenzontles fusilados y de flores mancilladas: “su familia levantó la tierra para buscarla: sólo hubo silencio.”

Ella, que en cada poema busca la justicia y la belleza del lenguaje, en su poesía me recuerda a Víctor Jara que acompañó al pueblo y que sigue vivo en sus canciones; música y poesía para nombrar las alas rotas de los estudiantes. Me recuerda a Balam Rodrigo y a todos los muertos que renacen entre versos y semillas. Ella, que recoge las plumas del colibrí y se impregna de su aroma para no olvidar, así como hace Chary Gumeta desde el sur, repudiando la indiferencia, el abandono y llevando en sus versos el consuelo y la honestidad:

En qué cielos coloridos

y rotos

vas pregonando tu canto revolucionario

pajarito rojo te van a encerrar

Aviario es un libro amplio, un vuelo amplio de alas extendidas; es la vocalización de todas las aves amordazadas y el veneno en los campos de cultivo. Aviario es una jaula para todos los desaparecidos, una jaula como tumba en forma de poema, un remanso de paz para quienes no recibieron justicia: las mujeres asesinadas, la infancia robada, los estudiantes desaparecidos que lucharon incluso sin esperanza. Aviario es un reclamo a quienes se quedan de brazos cruzados mientras el Estado continua impune.

Sin embargo, la poeta no nos entrega un poema triste sino que nos señala con sus manos de barro y poesía el sendero equivocado, el nido roto y el poder de un pueblo cuando se une o se destruye.

los bosques

los ríos

los campos

serán con el tiempo calles empedradas

y llamarán a las aves invasoras

les pondrán en las marquesinas púas y alambre

y vendrán señoras con escobas a destruir los nidos

que construyan sobre las ventanas de las casas

donde antes había bosque.

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