Lengua muerta

Mónica Gutiérrez

Se cuentan todos los votos de las elecciones para el más alto cargo gubernamental y Cuca –cucaracha mayor de edad y residente de San Juan– resulta inesperadamente ganadora. Acude la gobernadora electa a la Comisión Electoral que controla el proceso de sufragio para protestar, ya que ella nunca ha postulado para cargo electivo alguno. En la Comisión le recuerdan que recientemente hizo unas declaraciones públicas sobre el estado del arte actual. ¿Y qué tiene eso que ver con mi elección al más alto cargo político del pais?, pregunta Cuca, desconcertada. Pero le contestan con evasivas y razones burocráticas, le dicen que este es un caso muy particular, sin precedentes en la democracia de Puerto Rico, que estudiarán el asunto a ver si se puede revocar. Que se hará un sumario.

Cabizbaja y meditabunda, Cuca retorna por el pasadizo de la corriente a su madriguera. ¿Qué he hecho yo para merecer esta fama repentina? Come

mierda y todas las porquerías de rutina y de rigor. Decide comentarle a su familia y amistades lo recién ocurrido, pero es tarde. Ya todas las cucarachas de San Juan se han enterado del resultado del sufragio y se han ido a protestar frente a la Fortaleza, residencia citadina del gobernante titular. “¿Por qué Cuca? ¡Déjenla en paz y gobiérnense ustedes mismos!”. Debido a la insurrección repentina que amenaza con desestabilizar el delicado balance del orden isleño, la Comisión Electoral decide actuar pronto y emite un edicto de emergencia: “El sufragio del pueblo es de carácter inapelable”. Al atardecer las calles de la ciudad amurallada concentran un mar de fuerzas que obliga a las cucarachas a desbandarse. Ya para entonces nadie duda de que lo actos se cumplirán con máxima brillantez. Se han vendido palcos, irá el señor Cardenal, los presos políticos, la Unión de Tronquistas en pleno, las damas cívicas de Mayagüez, los Pleneros de la 23 Abajo, los organizadores de la Trienal Poligráfica, el tipo que le lanzó un huevo al gobernador saliente y el Coro de Niños de San Juan.

Pocos días después, inesperada pero contundente, cae la bomba atómica que por razones estratégicas ha decidido lanzarle Irán a Estados Unidos en su más preciado Territorio_No_Incorporado. Las cucarachas son las únicas sobrevivientes de la debacle, y a Cuca se le cierran los ojos en la ceremonia de toma de posesión por el efecto de la resolana y de los flashes. Muy a pesar de lo convulsionado de los últimos días luce impecable su negro azabache, ya a nadie le importa que maldiga en una lengua muerta.

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