Polvo

Guillermo Clemente

El viejo, sentado en el sofá, leía en el Eclesiastés “qué es el hombre para que tengas de él memoria”. Al acabar el párrafo de su Biblia sacudida hacía cinco minutos, se levantó y comenzó a barrer la casa, el polvo danzaba por todos los rincones. El viejo, en su desesperación, comenzó a barrer su cuerpo hasta que el polvo y él quedaron confundidos en una fina capa sobre el piso.

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