El alfabeto cirílico

Franck Fernández

Desde muy temprano, el hombre quiso poder plasmar su palabra sobre un material, con el fin de darle perennidad y que no fueran “palabras que se llevó el viento”. Fue así que surgieron las escrituras cuneiformes de los asirios que las escribían sobre pequeñas tabletas de arcilla. Por su parte, los egipcios inventaron sus jeroglíficos que escribían sobre papiros y sobre las paredes. Los chinos, gran cultura milenaria, también tenían su forma de escritura sobre tablillas donde plasmaban sus palabras con ideogramas. En nuestra cultura occidental, estuvieron los griegos que crearon su alfabeto y con posterioridad Roma que, con sus grandes conquistas, impuso el latín y su alfabeto, idioma del que desciende nuestro español.

Hacia los años 600 y 700 comenzaron a llegar al este de Europa tribus procedentes del Cáucaso, los eslavos, que tenían sus propios dialectos. Antes de eso, el emperador Constantino, no solo aceptó la religión católica como religión de estado, sino que creó un segundo imperio con su capital, Constantinopla, con el fin de dividir en dos el imperio romano, ya ingobernable por lo grande que era. Con el paso del tiempo, la iglesia de Constantinopla y la de Roma tuvieron diferencias en cuanto a la liturgia. Aún no se había producido el cisma entre las dos formas de ver el cristianismo cuando, en la ciudad de Tesalónica, actual Grecia, nacieron dos hermanos: Constantino y Metodio. Eran el hermano mayor y menor de una cofradía de 7 hermanos hijos de una familia de la alta sociedad de funcionarios del imperio bizantino. A la muerte del padre, fueron arropados por el mismísimo emperador de Constantinopla. Es así que Constantino se convierte en un gran intelectual y filósofo, mientras que Metodio decide dedicarse al sacerdocio. Tan importantes eran para el emperador, que fueron enviados como embajadores ante el califa de Bagdad y posteriormente, a petición del can de los territorios del norte del Mar Negro, los envió el emperador a divulgar la palabra del Señor.

En el centro de Europa, el Sacro Imperio Germano Románico tomaba forma. Otro de los estados de esa época, colindante con los territorios germánicos, era el Imperio de Moravia, que hoy en día es solo una parte del territorio de la actual República Checa. Allá, el príncipe Rostislav pidió al emperador de Bizancio personas ilustradas que vinieran a divulgar la palabra del Señor. Los curas que ya se encontraban en misión en Moravia eran germanos, de ellos quería distanciarse Rostislav. A petición del príncipe de Moravia fueron enviados Constantino y Metodio, quienes consideraron que la mejor forma de enseñar a los autóctonos la Palabra Divina era en su propio idioma natal. La madre de Constantino y Metodio era eslava y ellos hablaban ese idioma. Entonces no existían grandes diferencias en los distintos lugares de Europa donde se hablaba ese idioma, el eslavón. Por otra parte, los tres idiomas en los que se podía decir misa eran el latín, el griego y el hebreo. Cirilo y Metodio querían decir misa en eslavón para que todos pudieran entenderlos. Fue entonces que se dieron a la tarea de crear un alfabeto que recogiera todos los sonidos de ese idioma y traducir las divinas escrituras y las diferentes liturgias.

Se cree que inicialmente crearon un alfabeto que es conocido como la glagolítico. Entre los curas germánicos que se veían desplazados en Moravia había un enorme descontento y alegaban que era herejía decir misa en un idioma que no fuera uno de los tres designados. Constantino y Metodio vinieron a Roma y fue el papa Adriano II quien aprobó la manera de Constantino y Metodio. Es en Roma que el Papa ordena a Constantino como sacerdote, adoptando el nombre de Cirilo. Por su parte, el Papa nombra a Metodio arzobispo de Panonia, antigua provincia romana y actual Hungría. A los 50 días de estar Cirilo en Roma muere y Metodio regresa a Moravia para continuar su tarea evangelizadora. A la muerte de Metodio, sus discípulos, encabezados por Clemente de Ocrida, se dirigen a lo que entonces era el primer imperio búlgaro y que ocupaba las tierras de la actual Bulgaria hasta las costas del Adriático. Allí fueron recibidos con entusiasmo por el zar Boris I.

Los historiadores no terminan de ponerse de acuerdo entre si la creación de Cirilo y Metodio fue solamente el alfabeto glagolítico o también crearon el alfabeto cirílico. Otros historiadores afirman que fueron sus discípulos los que realmente crearon el alfabeto cirílico que conocemos hoy y le dieron ese nombre en honor a su maestro.

Hoy en día, este alfabeto es utilizado en aquellos países eslavos que tuvieron una mayor influencia de Bizancio (Rusia, Serbia, Montenegro, Ucrania, Bulgaria, Belarús…), mientras que los países eslavos que tuvieron una mayor influencia de Roma (Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Croacia…) adoptaron a la larga el alfabeto latino. El alfabeto cirílico no solo sirve para los idiomas eslavos, sino que muchos idiomas de la antigua zona de influencia rusa, y posteriormente soviética, adoptaron este alfabeto. Hablo de idiomas de la familia turca como el azerí y el uzbeco, incluso hasta lo adoptaron el mongol y el moldavo, idioma de origen latino y que no es nada más y nada menos que una variante del rumano.

Hoy en día, Cirilo y Metodio son recordados el 14 de febrero, día de estos santos, en los países del este de Europa. Esta es una fiesta de su escritura, de su educación y de su cultura pero esta fecha también refleja el despertar espiritual y las aspiraciones de perfeccionamiento cultural de esos pueblos. En 1980, el Papa Juan Pablo II nombró a estos hermanos Patrones de Europa, al lado de San Benito. Ahora, cuando vea una escritura con caracteres cirílicos, recordará el origen de este alfabeto.

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