N o s e a s t o r u g a

© Ernst Fisher

Kobda Rocha

Ser inteligente es lo peor que le puede pasar a una mujer bonita. De ser tonta, inculta, alumna de 7, bruta, zonza, mensita, ignorante, analfabeta, iletrada, ingenua, palurda, boba, torpe o babieca, sería feliz en la vida. En la escuela, le hubieran pasado las respuestas del examen; en el trabajo, la hubieran promovido; en el microbús, le hubieran dado el asiento; en el tianguis, le hubieran ayudado con las bolsas del mandado; en la oficina, le hubieran perdonado todos los errores; en Hacienda, la hubieran atendido primero; en la iglesia, hubiera podido comulgar sin confesarse; en el bar, le hubieran invitado los tragos; en la calle, le hubieran dado ride; en la poesía, la hubieran deificado a borbotones; y por si fuera poco, en este texto, yo te hubiera puesto como ejemplo. Pero, como eres inteligente, sabes que todo eso solamente lo hubiéramos hecho por tu belleza, tu cuerpo, tu vagina, tus pechos, tus nalgas, tu culo, tus curvas, tus labios, tus ojos, mas no por ti. Por eso, y para desafiar a tanto macho alfa, este texto no tratará sobre ti —mujer bella e inteligente—, sino sobre tu contraria: la fea y pendeja, la que sí afloja sin preguntar, la que no está leyendo esto y que, por tanto, puedo darme el lujo de insultar, la que allá afuera (en el mundo real) puedo conquistar con dinero y no con arte, la que se enamoraría de alguien igual de tarado que ella, la que no eres tú… Y si sí eres, vente y te escribo un poema con tu nombre, nena. Ya verás que te llevaré hasta el cielo y te bajaré las estrellas y la luna sólo para ti, bebé. Vamos a incendiar las cobijas de mi cama, ya no pasarás frío en las noches en mis brazos, te haré vibrar. Llámame: (044) 55 274 986 63 // (55) 534 831 95

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