© Rene Magritte

 

extraído del libro .el abc de la estupidez

Kobda Rocha

 

Mino era feliz ―hasta donde podría uno decir― y, aunque de vez en vez sufría y lloraba o se encabronaba, nunca se quejaba de la vida que le tocó… de ninguna de las cuatro que había tenido, de hecho (a pesar de ignorar por completo que tenía tres pendientes). Su hembra, Mina, se ocupaba solamente en alimentar, abrigar y adiestrar a sus críos para enfrentar el mundo por sí mismos; sabía bien que algún día debían ir a buscar y ganar vida lejos de ella. Por tanto, Mino oraba y laboraba para no terminar solo y abandonado en algún tejado; pero, por más que trabajaba, no le alcanzaba para darles la vida que él quería darles (y la que Mina exigía). Lo explotaban. Le robaban más del cuarenta por ciento de su sueldo ―entre impuestos y seguros. Pobre gato ingenuo, nunca sabría que podía tragarse a su jefe fácilmente.