Artistas muertos (fracasados) -2-

OCTAVIO PARRIETA UÑAS (Poeta)

Manel Costa / Curro Canavese

Nace, a muy temprana edad, el 22 de enero de 1892 en El Tejido, provincia de Palmería. Feneció, contra su voluntad, el 18 de mar-zo de 1952, en Calamanca. Tuvo una vida disoluta, bohemia y pendenciera, hasta el punto que fue expulsado del convento donde había profesado sus votos.

Desde su más tierna infancia, Octavio disfrutaba jugando con las letras, las palabras y los zurullos de perro. Venía de una familia atormentada por las disputas familiares. Sus padres, Jacinto y Amancio, peleaban con mucha frecuencia, con mucho ardor y mucho entusiasmo. En una localidad rural, apartada de la poca modernidad del momento, estaba muy mal visto que dos hombres de pelo en pecho se casaran y además tuvieran un hijo tan precioso. Octavio mamó la violencia y la excentricidad desde muy pequeño, y vio como sus vecinos le hacían el vacío, la pedorreta y el corte de mangas. En cuanto pudo, pues, se largó a vivir la vida en solitario, lejos de aquel ambiente tan rudimentario y agresivo.

Ingresó en un convento donde se acercó, poco a poco, a la literatura, a la oración y al vino de misa. Allí se cultivó leyendo las grandes obras maestras de la literatura universal, allí se aficionó al vino de misa, allí se prendó de las faldas. Las tres cosas unidas hicieron de él un borracho, un putero y un experto en literatura erótica. Cuando salió del convento, se dirigió a Calamanca, donde la sabiduría, las tapas y las putas destacaban por su prestigio. Se unió, de inmediato, a un grupo de poetas in- solventes, envolventes y pestilentes. Crearon el grupo al que se le llamó Generación del 26, opositor frontal a las formas y maneras del llamado Generación del 27. Octavio trabajó durante toda su vida con una sola palabra: “aspaviento”. Vivió, hasta su muerte (evidentemente), para tres cosas: el vino de misa, las putas y la palabra “aspaviento”. Se emborrachaba, todos los días, con vino de misa y cuando le faltaba éste, seguía con el vino de mesa. El gremio de putas de Calamanca le nombró cliente adopti- vo. Murió con una copa de vino en una mano y una nalga en la otra.

A continuación reproducimos uno de sus poemas más emblemáticos:

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