E s p l e n d o r o s o

© Martin Wittfooth

Kobda Rocha

Grandioso oso es un esposo amoroso y padre afectuoso, muy cariñoso; vecino respetuoso y amigo jocoso, harto gracioso, hasta chistoso; nada perezoso, no es mentiroso ni malicioso; no es ambicioso, no es desdeñoso, no es rencoroso ni un envidioso horroroso; es más bien del tipo amistoso, jubiloso y honroso; ¡es fabuloso!

Empero, el dios odioso es un maldoso espantoso. Astroso oneroso se pone encajoso con el fastoso oso. Dios ponzoñoso, mañoso e injurioso, como es todopoderoso ¡y tan tramposo!, arroja al virtuoso oso por un tenebroso pozo: el gozo sexoso.

Aliñoso oso se ve en monstruoso escenario: peligroso y tosco es el hoscoso mundo del adulterio cenoso. El camino es pedregoso, saxoso y rocoso. Tiene que ser cuidadoso y astucioso cuando va por el nada luminoso y todo pringoso callejón de frondoso meretricio. Es costoso, sí; pero para un culposo moroso es el esbozo de lo provechoso.

Su ebrioso y deleitoso gusto afanoso por la prostitución, lo conduce por enfermoso hado de extremoso decaer. Se vuelve faltoso, hastioso fastidioso, incluso estorboso hasta para su hermoso hijo oso que crece maravilloso con el brilloso abrigo del estuoso sol del estudioso. Su cosmos se pone flexuoso y ocioso porque ha perdido todo lo bondadoso.

De lumia en lumia, por andar de jarioso cochambroso y hasta cometer acoso, facineroso oso termina sidoso: eccematoso, granujoso, pustuloso, asaz asqueroso.

Así, tan brilloso y precioso ejemplo de glorioso oso acabó en vituperioso destrozo, en un simple vilipendioso trozo de memorioso foso.

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